Proto mamíferos: Terápsidos.


Existieron hace 275 a 252 millones de años, en el Período Pérmico cuando llega la Mega wxrinción permiana, donde sobrevivió el Lystrosaurus.

Los Terápsidos (bestias de arco, en alusión a la fenestra única de los sinápsidos) son el siguiente grupo en la escala evolutiva que siguieron a los mas arcaicos Pelicosaurios. Los avances evolutivos fueron una mejor locomoción, con extremidades anteriores mas rectas que las posteriores (dicinodontes) y mayor velocidad como cazadores (gorgonópsidos dientes de sable). Mejor autoregulación interna de la temperatura (desaparece la vela reguladora del lomo); y por último, aparece el pelaje, como el elemento aislante dem frío y conservador de la tempereratura corporal.

Se encotraron por vez primera en la depresion del Karoo, en Suráfrica. El paleoantropologo Robert Brown fue quien primero los relacionó como puente entre los pelicosaurios y los mamiferos.

Dicinodontos, vegetariano.

Los terápsidos arcaicos lo conforman tres grupos (Dicinodontos y Dinocéfalos, vegetariano; y los gorgonópsidos dientes de sable, carnívoros). Los dicinodotos tenía cola corta y un par de colmillos largos que se creen servían para excavar tierras y comer vegetales duros o raíces. Los dinocéfalos eran hérbivoros muy grandes, de hasta 5 metros largo como el Moschops, de cráneos gruesos y hasta con extrañas protuberancias, como el Estemmenosuchus (El "cocodrilo coronado") de 272 a 259 millones de años de antiguedad.


Dinocéfalo carnívoro Anteosaurus devoran a un Estemmosuchus.

CARNIVOROS: 

Tanto el Anteosaurus como el Inostrancevia fueron colosales depredadores ápice que dominaron la Tierra millones de años antes de la aparición de los dinosaurios. Aunque ambos pertenecen al orden de los terápsidos (los conocidos como "reptiles mamiferoides"), existieron en momentos distintos y poseían anatomías muy diferentes, siendo el Anteosaurus notablemente más antiguo que el Inostrancevia.


El Anteosaurus habitó el planeta durante el Pérmico Medio, hace aproximadamente entre 265 y 260 millones de años en lo que hoy es Sudáfrica. Pertenecía al grupo de los dinocéfalos (que significa "cabezas terribles"), lo cual hacía honor a su anatomía: poseía un cráneo sumamente grueso y reforzado que utilizaba presumiblemente para propinar cabezazos en combates rituales por territorio o parejas. En cuanto a sus dimensiones, era un animal sumamente masivo y robusto, alcanzando entre 5 y 6 metros de longitud y un peso estimado de 600 kilogramos. Su dentición combinaba grandes incisivos entrelazados con fuertes caninos y dientes posteriores adaptados para triturar huesos, mientras que sus extremidades semi-erguidas lo convertían en un cazador de emboscada o de persecuciones cortas.


El Inostrancevia ocupó la cima de la cadena alimenticia millones de años después, durante el Pérmico Tardío, hace entre 259 y 252 millones de años, extinguiéndose justo en la gran crisis biológica del final del período. Sus fósiles se hallaron originalmente en Rusia, aunque descubrimientos recientes confirman que logró migrar hasta Sudáfrica. A diferencia de su predecesor, pertenecía al grupo de los gorgonópsidos y poseía un diseño evolutivo más estilizado, ágil y eficiente. Medía unos 3.5 metros de longitud y pesaba alrededor de 300 kilogramos. Su característica más célebre eran sus colosales caninos superiores de hasta 15 centímetros, convirtiéndose en uno de los primeros "dientes de sable" de la historia. Para usar estas armas, su cráneo era alargado y ligero, adaptado para una apertura de mandíbula extrema. Además, sus patas estaban situadas directamente debajo del cuerpo, lo que le permitía una movilidad y velocidad en tierra firme muy superiores a las del Anteosaurus.

LAS PRESAS:

Durante el Pérmico Medio, el Anteosaurus compartía su entorno en el sur de África con una rica variedad de herbívoros. Al ser el depredador más masivo de su tiempo, su dieta se basaba principalmente en los tapinocéfalos, un grupo de dinocéfalos vegetarianos gigantescos y de cuerpos robustos, entre los cuales destacaba el célebre Moschops. El Anteosaurus también acechaba a los pareiasaurios primitivos, reptiles acorazados de andar lento como el Bradysaurus. Para someter a semejantes moles de carne, este superdepredador no perseguía largas distancias; se valía de una letal emboscada a corta distancia. Usaba sus poderosas extremidades delanteras y garras curvas para sujetar y forcejear con la presa, para luego infligir una mordida trituradora con sus mandíbulas reforzadas, capaces de romper huesos y caparazones sin dificultad. Además, debido a su entorno de llanuras aluviales y cuerpos de agua, es probable que complementara su dieta con grandes peces prehistóricos y presas acuáticas. 
Millones de años después, en el Pérmico Tardío, el Inostrancevia dominaba un paisaje más hostil y árido. Su presa predilecta por excelencia era el Scutosaurus, un pareiasaurio avanzado del tamaño de un buey, cubierto por placas óseas endurecidas a modo de armadura que lo protegían de mordeduras convencionales. El Inostrancevia también cazaba dicinodontos, unos herbívoros con colmillos similares a los de un morsa que variaban desde tamaños medianos hasta dimensiones considerables. A diferencia del Anteosaurus, este felino prehistórico no intentaba triturar la armadura de sus víctimas. Aprovechando su andar erguido, agilidad y velocidad, acortaba distancias rápidamente y utilizaba sus colosales caninos de sable de 15 centímetros para propinar una mordida quirúrgica en el cuello o zonas blandas, provocando que la presa muriera rápidamente por desangramiento o shock antes de proceder a devorarla. 
A pesar de que el Anteosaurus y el Inostrancevia se coronaron como los superdepredadores indiscutibles de sus respectivas eras, no reinaron en un vacío ecológico. El mundo del Pérmico estaba poblado por otros carnívoros fascinantes que competían ferozmente por los mismos recursos. 

La competencia del Anteosaurus (Pérmico Medio)
Durante el apogeo del Anteosaurus, el peligro también acechaba desde los márgenes de los ríos y las llanuras. Su rival más directo y problemático fue el Jonkeria, otro gigantesco dinocéfalo carnívoro u omnívoro que compartía su mismo tamaño y hábitat en el sur de África. El Jonkeria poseía un cuerpo sumamente robusto y un hocico alargado con caninos afilados; la constante disputa por los rebaños de tapinocéfalos debió generar brutales enfrentamientos entre ambas especies. Al mismo tiempo, el nicho de los cazadores medianos y rápidos estaba ocupado por los terocéfalos primitivos, un grupo de terápsidos más ligeros y ágiles que, aunque no podían derribar a las presas masivas del Anteosaurus, ejercían una gran presión competitiva al diezmar a las crías y a los animales jóvenes del ecosistema. 

La competencia del Inostrancevia (Pérmico Tardío)
Millones de años después, el escenario del Inostrancevia vio una de las dinámicas de competencia y reemplazo más inestables de la prehistoria. En el territorio de lo que hoy es Rusia, el Inostrancevia se consolidó como el único gorgonópsido verdaderamente gigante de su ecosistema. Sin embargo, cuando este linaje migró hacia el sur de África huyendo del caos climático provocado por las erupciones volcánicas, se topó con los residentes locales: los rubidreínos (como el Rubidgea), una subfamilia de gorgonópsidos nativos africanos de cráneos macizos y fuerza descomunanal. El Inostrancevia logró ocupar el trono como depredador ápice en tierras africanas solo después de que las primeras oleadas del colapso climático extinguieran a los rubidreínos. No obstante, su victoria fue efímera; en sus últimos días tuvo que competir intensamente con terocéfalos avanzados de gran tamaño, un grupo de carnívoros altamente especializados que terminaron por reemplazar por completo a los gorgonópsidos justo antes de la gran extinción masiva. 

El siguiente grupo carnivoro de los terápsidos fueron los gorgonópsidos, como el Inostrancevia o el Lycaneops, de tres metros y medio, 300 kg de peso y cráneos de medio metro. Tenían dientes caninos largos capaces de regenerarse, a diferencia de los actuales memíferos. Estos animales tenían además huesos fibrolaminares, lo que implicaba un rápido crecimiento.

Inostrancevia, gorgonópsido carnívoro con evidencia de pelaje y dientes de sable regenerables.


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