Entre Nemea y Coronea Muerte de Lisandro y cambio de geostrategia

El período histórico que abarca desde la batalla de Nemea hasta la batalla de Coronea es en realidad sumamente corto: ocurrió en un lapso de apenas un par de meses durante el verano del año 394 a.C. Ambos enfrentamientos forman parte de la fase inicial de la Guerra de Corinto (395–387 a.C.).
Contexto de este período: Esparta sale en apoyo de Focea en un conflicto con Locrida. A Esparta le interesa dominar a Focea para controlar el santuario de Delfos, cuyo control tambien lo quiere los beocios de Tebas.
Tras la muerte de Lisandro en el 395 a.C. durante la batalla de Haliarto —donde fracasó en su intento de someter a Tebas—, la situación se volvió crítica para el Estado lacedemonio. Tebas, Atenas, Corinto y Argos formaron una sólida coalición anti-espartana financiada por el oro persa.
Pausanias II recupera el cuerpo de Lisandro.

Ante la gravedad de la amenaza en la Grecia continental, los éforos espartanos ordenaron al rey Agesilao II interrumpir inmediatamente su exitosa campaña militar contra los persas en Asia Menor. Agesilao, profundamente frustrado pero obediente, cruzó el Helesponto y emprendió una marcha a pie a través de Tracia y Macedonia hacia Beocia. Mientras Agesilao realizaba esta larga marcha de regreso con sus veteranos, las fuerzas espartanas estacionadas en el Peloponeso marcharon hacia el norte para frenar a la coalición aliada, provocando el primer gran choque en el río Nemea:
Batalla de Nemea (394 a.C.)
Ejecución
La batalla se libró en el cauce seco del río Nemea. El ejército espartano y sus aliados del Peloponeso se enfrentaron a la coalición de tebanos, atenienses, argivos y corintios. Fiel al estilo hoplítico, ambos ejércitos tendieron a desplazarse hacia su derecha al avanzar (para proteger su lado descubierto con el escudo del compañero). Esto provocó que el flanco derecho espartano derrotara con facilidad a los atenienses, mientras que en el otro extremo, los tebanos aplastaban a los aliados de Esparta. El factor decisivo fue la disciplina lacedemonia: tras vencer en su ala, los espartanos mantuvieron la cohesión, giraron en formación perfecta y embistieron de flanco a los tebanos y argivos que regresaban desorganizados de perseguir al resto de las tropas, infligiéndoles una severa derrota táctica.
Consecuencias
  • Victoria militar espartana: Consolidó la reputación de invencibilidad en tierra de la infantería pesada espartana.
  • Fracaso estratégico: A pesar del triunfo en el campo de batalla, los espartanos sufrieron demasiadas bajas y no consiguieron forzar el paso por el istmo de Corinto. La coalición enemiga bloqueó el acceso, dejando la guerra en un punto muerto defensivo en la región del Peloponeso.
Batalla de Coronea (394 a.C.)
Ejecución
Apenas unas semanas después de Nemea, Agesilao II llegó a Beocia atravesando el paso de las Termópilas. Se encontró con el ejército aliado (tebanos, argivos y atenienses) apostado cerca del monte Helicón. La batalla comenzó con un avance arrollador del propio Agesilao y sus veteranos de Asia en el flanco derecho, mientras que los tebanos lograban romper el flanco izquierdo de los aliados de Esparta. Al ver que sus aliados huían hacia el campamento, los tebanos intentaron retroceder para reunirse con el resto de su ejército. Agesilao, en lugar de flanquearlos por la retaguardia, prefirió realizar una embestida frontal. Lo que siguió fue uno de los choques de falanges más brutales y sangrientos de la historia griega: un empuje cuerpo a cuerpo desesperado donde Agesilao resultó herido, pero la disciplina espartana logró finalmente abrirse paso, permitiendo a los tebanos retirarse hacia las montañas.
Consecuencias

  • Éxito personal para Agesilao II: Demostró su enorme valía militar y el gran nivel de sus tropas veteranas al derrotar a las fuerzas tebanas en su propio territorio.
  • Estancamiento de la guerra: Al igual que en Nemea, fue una victoria táctica sangrienta pero sin resultados resolutivos. Agesilao no pudo invadir Beocia ni desmantelar la liga enemiga, viéndose obligado a retirarse hacia el Peloponeso en barco a través del golfo de Corinto. La Guerra de Corinto se estancó en una guerra de desgaste que duraría siete años más.

INOVACIONEA TÁCTICAS

Las batallas de Nemea y Coronea sembraron las primeras semillas de una auténtica revolución en el arte de la guerra hoplítica, impulsada principalmente por la necesidad de los tebanos de contrarrestar la legendaria superioridad espartana. Hasta ese momento, los combates en Grecia seguían un patrón muy rígido y tradicional: las líneas de infantería chocaban de frente con una profundidad estándar de entre ocho y doce filas de escudos, confiando la victoria al empuje físico y al valor de los soldados. Sin embargo, en el año 394 a.C., Beocia empezó a romper estas reglas no escritas mediante el uso experimental de formaciones masivas y ultra-profundas.
La gran innovación táctica que empezó a gestarse en este corto período fue la concentración asimétrica de fuerzas. En Coronea, los tebanos no repartieron a sus hombres de manera uniforme a lo largo del frente, sino que formaron una columna extremadamente densa e infantería pesada compacta en su propio flanco. Esta masa masiva de hombres actuó como un ariete humano. Aunque no bastó para ganar la batalla debido a la férrea disciplina de los veteranos del rey Agesilao II, esta fuerza de empuje sí logró quebrar por completo el ala espartana que tenía enfrente. Fue el primer ensayo real de lo que años más tarde el general Epaminondas perfeccionaría como la falange oblicua: sobrecargar deliberadamente un punto crítico del enemigo para aplastarlo antes de que el resto de sus líneas puedan reaccionar.

Por el lado lacedemonio, las innovaciones no vinieron de la geometría del combate, sino de la flexibilidad y la profesionalización. Bajo el mando de Agesilao II, el ejército espartano demostró una capacidad inédita para maniobrar en mitad del caos. Mientras que las falanges tradicionales eran bloques rígidos que solo sabían avanzar hacia adelante, los espartanos en Nemea y Coronea ejecutaron giros de flanco y repliegues ordenados en pleno combate. Además, Agesilao integró de forma muy eficiente a los mercenarios y a las tropas ligeras que traía de sus campañas en Asia Menor, rompiendo con el purismo hoplítico y abriendo el camino hacia los ejércitos combinados que definirían el futuro de la estrategia militar en el mundo griego.
BATALLA DE CNIDO: La batalla naval de Cnido, librada en agosto de 394 a.C. casi en paralelo a los choques terrestres de Nemea y Coronea, supuso el colapso fulminante y definitivo del imperio marítimo que Lisandro había construido para Esparta tras la guerra del Peloponeso. La contienda enfrentó a la flota espartana, comandada por Pisandro (un general sin experiencia naval nombrado por su cuñado, el rey Agesilao II), contra una formidable escuadra combinada fenicio-persa liderada por el sátrapa Farnabazo y el célebre almirante ateniense Conón, quien buscaba venganza contra los lacedemonios.
El desarrollo del combate frente a las costas de Asia Menor (en la actual Turquía) fue una catástrofe absoluta para Esparta. La vanguardia de la flota persa atrajo a los espartanos a la batalla, mientras el grueso de los navíos de Conón apareció por sorpresa para rodearlos. Ante la abrumadora superioridad numérica y técnica del enemigo, muchos de los aliados de Esparta entraron en pánico y huyeron hacia la costa sin luchar. Pisandro se negó a retirarse y murió combatiendo heroicamente a bordo de su nave capitana, pero su sacrificio no evitó que la armada espartana fuera completamente destruida, perdiendo al menos cincuenta trirremes.
Las consecuencias de Cnido transformaron radicalmente el equilibrio de poder en el Mediterráneo. A nivel geopolítico, Esparta perdió su hegemonía naval de forma permanente, lo que puso fin a las decanarquías que Lisandro había instaurado en el mar Egeo; las ciudades costeras expulsaron de inmediato a las guarniciones espartanas con el apoyo persa. Para el conflicto interno en Grecia, el desastre anuló por completo los éxitos terrestres de Agesilao II en Nemea y Coronea. Al perder el control de las rutas marítimas, Esparta quedó aislada en el Peloponeso, mientras que Atenas aprovechó el oro persa y la protección de la flota de Conón para reconstruir sus famosas Murallas Largas y recuperar su estatus de gran potencia marítima.
RESURGIR DE ATENAS: La victoria persa en Cnido, capitaneada por el almirante ateniense Conón, abrió las puertas para el resurgimiento político y militar de Atenas, permitiéndole sacudirse el yugo de la derrota de la guerra del Peloponeso y reclamar nuevamente su estatus de superpotencia. Conón regresó triunfal a su patria escoltado por la flota y, lo más importante, financiado con el cofre de oro del Imperio Persa, decidido a revivir el antiguo esplendor de la ciudad.
El primer y más simbólico paso de este renacimiento fue la reconstrucción de las Murallas Largas y de las fortificaciones del puerto del Pireo, que los espartanos habían demolido años atrás bajo los sones de las flautas. Con la mano de obra de los marineros de la flota y de los ciudadanos atenienses —e incluso con la ayuda de aliados corintios y argivos—, Atenas volvió a ser una plaza fuerte inexpugnable por tierra. Al recuperar su muralla y su puerto fortificado, la ciudad recuperó también su confianza psicológica y su independencia estratégica frente a Esparta.
Con el Pireo nuevamente operativo, Atenas comenzó a reconstruir su armada naval. Utilizando los astilleros recuperados, volvieron a botar trirremes y a dominar las rutas comerciales del mar Egeo. Aunque ya no contaban con el masivo imperio del siglo anterior, los atenienses restablecieron alianzas clave con islas estratégicas como Tasos, Samotracia y Lemnos, recuperando el control del suministro de grano vital que llegaba desde el mar Negro.
Además de la fuerza naval, Atenas introdujo revolucionarias innovaciones en su infantería ligera. El general ateniense Ifícrates reformó el cuerpo de los peltastas (soldados ligeros), equipándolos con lanzas más largas y espadas más eficientes, además de un calzado más cómodo (las "ifícrates"). En el año 390 a.C., este nuevo cuerpo militar destruyó un regimiento completo de hoplitas espartanos en la batalla de Lequeo, demostrando al mundo griego que el poder de Atenas ya no solo residía en sus barcos, sino también en su renovada flexibilidad táctica en tierra.
Impacto de Cnido en la política de Agesilao II
La catastrófica derrota naval en Cnido destruyó por completo los cimientos de la gran estrategia imperial que el rey Agesilao II pretendía consolidar en Grecia y Asia Menor. A nivel político y militar, el desastre anuló de golpe el valor de sus sangrientas victorias terrestres en Nemea y Coronea. Al perder el control total de las rutas marítimas del mar Egeo, el expansionismo espartano quedó paralizado; Agesilao ya no podía enviar tropas ni recursos para sostener los regímenes oligárquicos (decanarquías) que Lisandro había instaurado en las islas y ciudades costeras, las cuales se rebelaron y expulsaron a los gobernantes espartanos casi de inmediato.
Esta crisis forzó a Agesilao a reorientar su política hacia una postura estrictamente defensiva y de desgaste dentro de la Grecia continental. El monarca se vio obligado a replegarse al Peloponeso, concentrando todos sus esfuerzos en contener a la coalición enemiga y proteger las fronteras de su propio territorio mediante incursiones terrestres limitadas. La pérdida de la flota también erosionó el prestigio político de Agesilao dentro de la propia Esparta, ya que el almirante derrotado, Pisandro, era su cuñado y había sido nombrado directamente por él a pesar de su total falta de experiencia náutica. A largo plazo, esta vulnerabilidad naval convenció al rey de que Esparta no podía ganar una guerra simultánea contra Persia y las polis griegas, empujándolo a abandonar sus ambiciones en Asia y a buscar una salida diplomática humillante: someterse al arbitraje del Gran Rey persa para pacificar Grecia.
Reacción de Persia ante el resurgimiento de Atenas
La reacción del Imperio Persa ante el espectacular renacimiento de Atenas pasó rápidamente del entusiasmo estratégico a un profundo temor geopolítico. Inicialmente, el Gran Rey Artajerjes II y sus sátrapas habían financiado la reconstrucción de Atenas y sus Murallas Largas con el único objetivo de debilitar a Esparta, que bajo el mando de Agesilao se había convertido en una peligrosa amenaza para sus posesiones en Asia Menor. Sin embargo, los persas no previeron la velocidad con la que Atenas recuperaría sus ambiciones imperiales. Al ver que los atenienses volvían a armar una flota poderosa, reconquistaban islas estratégicas en el Egeo y restablecían alianzas comerciales que amenazaban el control persa sobre las rutas marítimas, la corte de Susa entendió que el equilibrio de poder se estaba rompiendo a favor de su antiguo enemigo.
Ante este escenario, la diplomacia persa ejecutó un drástico giro de 180 grados y cambió de bando en la Guerra de Corinto. Al considerar que una Atenas resucitada era un peligro mayor que una Esparta desgastada, el Imperio Persa cortó de inmediato el flujo de oro y los suministros a los atenienses. En su lugar, el sátrapa Tiribazo comenzó a escuchar las propuestas de paz del diplomático espartano Antálcidas. Esta alianza de conveniencia culminó en el año 387 a.C. con la imposición de la Paz del Rey (o Paz de Antálcidas), un tratado donde Persia dictó las condiciones del fin de la guerra, obligando a Atenas a renunciar a la mayoría de sus nuevos territorios y consolidando el dominio persa sobre todas las ciudades griegas de Asia Menor.
MUERTE DE LISANDRO: La muerte de Lisandro en Haliarto (Aliarto), en 395 a. C., cambia mucho la geoestrategia griega porque se produce justo cuando Esparta está intentando mantener su hegemonía en Grecia y, al mismo tiempo, combatir a Persia en Asia Menor.

1. Antes de Haliarto: Esparta tenía una estrategia de dos frentes

Después de la guerra del Peloponeso, Esparta era la potencia dominante en Grecia. Pero su intervención en Asia Menor la enfrentaba al Imperio persa.

Agesilao II había sido enviado a Asia en 396 a. C. para combatir a Persia y proteger a las ciudades griegas de Asia Menor. Lisandro había contribuido decisivamente a que Agesilao llegara al trono y había conseguido que recibiera el mando asiático. Sin embargo, Agesilao pronto marginó políticamente a Lisandro. 

La situación podía resumirse así:

Esparta → Asia Menor → Persia

Esparta → Grecia continental → mantener la hegemonía

El problema era que Persia descubrió que podía atacar a Esparta indirectamente, financiando a sus enemigos griegos.

2. La muerte de Lisandro en Haliarto cambia el equilibrio

En 395 a. C., Tebas se rebeló contra la hegemonía espartana y comenzó a formarse una coalición antispartana. Persia proporcionó dinero para favorecer la oposición a Esparta. Lisandro fue enviado a Beocia y murió ante las murallas de Haliarto, al atacar antes de reunirse con el ejército del rey Pausanias. �

Iranica Online +1

Esto es importantísimo por tres razones:

Muere uno de los principales arquitectos de la hegemonía espartana.

Pausanias queda desacreditado y acaba exiliado.

Agesilao queda como la figura dominante de la política espartana.

De hecho, tras la muerte de Lisandro y el exilio de Pausanias, Agesilao queda prácticamente como el gran dirigente militar de Esparta. �

Wikipedia

3. Y aquí aparece el gran problema de Agesilao

Agesilao estaba obteniendo éxitos en Asia. En 395 a. C. derrotó a los persas en Sardes y parecía posible que Esparta pudiera continuar avanzando en Asia Menor. �

Treccani

Pero Persia cambia de estrategia:

En lugar de intentar derrotar directamente a Agesilao en Asia, Persia provoca una guerra contra Esparta dentro de Grecia.

Financia a Tebas, Atenas, Corinto y Argos para crear un frente antispartano.

Es una estrategia geopolítica muy inteligente: obligar a Esparta a luchar en su propia casa.

4. Agesilao tiene que abandonar Persia

Este es probablemente el punto más importante para entender la geoestrategia.

Agesilao estaba en Asia con posibilidades de continuar la ofensiva contra Persia, pero la Guerra de Corinto obliga a Esparta a llamarlo de vuelta.

Por tanto:

Persia consigue sin derrotar a Agesilao en Asia:

Asia Menor

Agesilao avanza contra Persia

Persia financia a los enemigos de Esparta

Tebas + Atenas + Corinto + Argos atacan a Esparta

Agesilao tiene que regresar a Grecia

Treccani resume precisamente el resultado: la intervención persa en Grecia consiguió que Agesilao fuera retirado de Asia; después venció en Coronea, pero ya no pudo continuar la campaña persa. 

5. El cambio geoestratégico fundamental

Antes de 395:

Esparta intenta expandir su poder hacia Asia.

Después de Haliarto:

Esparta tiene que defender su hegemonía en Grecia.

Lisandro muere luchando en Grecia precisamente cuando Agesilao está intentando ganar la guerra contra Persia en Asia. La muerte de Lisandro forma parte de una transformación mucho mayor: la guerra deja de ser fundamentalmente Esparta contra Persia y pasa a ser una lucha por la hegemonía de Grecia, con Persia actuando desde detrás.

6. El resultado final: Persia gana estratégicamente

Aunque Agesilao consiguió una victoria en Coronea en 394 a. C., Esparta no consiguió destruir la coalición. Además, la flota persa y Conón golpearon a Esparta en el mar, debilitando su posición. �

Treccani

Finalmente, la Paz del Rey de 386 a. C. devolvió a Persia una posición decisiva: las ciudades griegas de Asia Menor quedaron bajo el dominio persa, mientras Esparta conservó una posición hegemónica en Grecia.

Por eso puede interpretarse así:

Lisandro muere → se intensifica la guerra en Grecia → Agesilao es retirado de Asia → Persia recupera la iniciativa → Esparta abandona sus ambiciones asiáticas → Paz del Rey.

La muerte de Lisandro en Haliarto en 395 a. C. aceleró el desplazamiento del conflicto desde Asia hacia Grecia: Persia, incapaz de detener directamente a Agesilao, financió la coalición de sus enemigos griegos, obligando a Esparta a retirar a Agesilao de Asia. Así, Esparta pasó de una estrategia ofensiva contra Persia a una estrategia defensiva para conservar su hegemonía en Grecia.

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