Reggiane re.2001 vs Spitfire Mk Vc
CALTAGIRONE/SAN PIETRO, SICILIA
4 de mayo de 1942
El 2º Gruppo Autonomo Caccia Terrestre de la Regia Aeronautica aterrizó con sus dieciocho flamantes Reggiane Re.2001 Falco II. El ambiente exhalaba polvo, combustible y una tensión palpable; Malta, el inexpugnable bastión británico en el Mediterráneo, aguardaba a poco más de cien kilómetros al sur. La misión de estos cazas italianos, equipados con el motor alemán en línea Daimler-Benz DB 601 (fabricado bajo licencia como Alfa Romeo Monsone), era escoltar a los vulnerables bombarderos en sus incursiones sobre la isla.
Pero la ventaja aérea de la que gozaba el Eje se había desvanecido. Los británicos acababan de reforzar los cielos de Malta con los temibles Supermarine Spitfire Mk.Vc, una variante optimizada con cuatro letales cañones Hispano de 20 mm, capaz de despedazar cualquier estructura metálica con una sola ráfaga.
El 12 de mayo, quince cazas Falco II despegaron de la pista de tierra de Caltagirone para proteger a una formación de bombarderos Savoia-Marchetti SM.84. Al aproximarse a la costa maltesa, el cielo estalló con la aparición de nueve Spitfire Mk.V. Las diferencias técnicas marcaron de inmediato el ritmo del combate.
Por encima de los 7.000 metros de altitud, el Spitfire británico imponía su ley gracias a un rendimiento superior de su motor; pero por debajo de esa cota, el Re.2001 desplegaba una agilidad que sorprendió a los pilotos de la Royal Air Force. La excepcional aerodinámica heredada del diseño original de la compañía Reggiane permitía a los italianos girar en un pañuelo, esquivando los cañonazos de los cazas británicos y devolviendo el fuego con sus ametralladoras Breda-SAFAT alojadas en el morro y las alas. Aquel primer día, en un torbellino de maniobras evasivas, acrobacias al límite y trazas de balas sobre el mar azul, los hombres del 2º Gruppo lograron derribar dos Spitfire sin sufrir bajas propias en sus filas de caza, cumpliendo su cometido a pesar de los daños infligidos a los bombarderos.
Durante los meses siguientes, el aeródromo de Caltagirone-San Pietro se convirtió en un hervidero de despegues de emergencia y esperas angustiosas. Los combates diarios sobre el canal de Malta se transformaron en una guerra de desgaste brutal. Los pilotos italianos volaban al límite de su autonomía, sabiendo que un motor dañado significaba un amarasaje forzoso en aguas controladas por el enemigo. En batallas cerradas como las de junio y julio de 1942, el Falco II demostró ser el único caza italiano de la época capaz de plantarle cara de igual a igual al Spitfire Mk.Vc en un combate cerrado. Héroes de la unidad, como el comandante Aldo Quarantotti, se perdieron en el mar buscando a sus compañeros caídos, elevando el valor místico de un grupo que defendía con audacia cada palmo de cielo. Cuando el remanente del grupo fue trasladado a Cerdeña a finales del verano, las cruces de Saboya pintadas en los fuselajes de los Reggiane que partían de Caltagirone llevaban las marcas de una de las campañas aéreas más feroces y equilibradas de toda la Segunda Guerra Mundial.


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