LOLA MK.6 GT

 EL CAZAFERRARIS: LA ALIANZA ANGLO AMERICANA PARA DERROTAR A ITALIA

LOLA MK.6 GT Y FORD GT-40

El Ford GT40 fue la evolución directa de un revolucionario prototipo británico concebido por el brillante ingeniero Eric Broadley: el Lola Mk6 GT. A principios de la década de 1960, Henry Ford II estaba obsesionado con derrotar a Enzo Ferrari en las 24 Horas de Le Mans tras el colapso de las negociaciones para comprar la marca italiana. Al carecer de experiencia en el diseño de vehículos con motor central para la alta competición, Ford escudriñó el panorama automovilístico europeo y encontró en el taller de Lola Cars, en Inglaterra, la base arquitectónica exacta que necesitaba para su venganza.Broadley había presentado el Lola Mk6 GT en el Salón del Automóvil de Londres de 1963, impactando a la industria con un diseño radicalmente avanzado para su época. A diferencia de las estructuras tubulares tradicionales, Broadley diseñó un chasis semi-monocasco, utilizando inicialmente acero y luego aluminio, que aportaba una rigidez torsional asombrosa. En el corazón de esta estructura colocó un motor compacto Ford V8 de bloque pequeño justo detrás del piloto, acoplado a una transmisión Colotti. La carrocería de fibra de vidrio, modelada por John Frayling, dio vida a una silueta tan baja y compacta que estableció directamente las proporciones estéticas de lo que más tarde sería el GT40. Para demostrar su potencial, Lola inscribió el coche en las 24 Horas de Le Mans de 1963, llegando incluso a viajar por carretera abierta desde la fábrica hasta el circuito francés. Aunque el coche tuvo que abandonar por un fallo en la caja de cambios, su velocidad y agilidad impresionaron a los directivos de Ford, quienes comprendieron que Broadley ya había resuelto la mayor parte del desafío de ingeniería al que ellos se enfrentaban.

En la segunda mitad de 1963, Ford cerró un acuerdo estratégico con Broadley, adquiriendo dos de los tres únicos chasis existentes del Lola Mk6 GT para utilizarlos como mulas de pruebas, además de comprar los derechos de propiedad intelectual del diseño. Broadley fue contratado como consultor por un año y Ford fundó la división Ford Advanced Vehicles en Slough, Inglaterra, reuniendo a Broadley con el ingeniero de Ford Roy Lunn y el exdirector de Aston Martin, John Wyer. Bajo esta estructura nació el primer prototipo del Ford GT40 en abril de 1964, el cual compartía la misma distancia entre ejes, la filosofía de suspensión y el motor central del Lola. Incluso el rasgo estético más célebre del GT40, las secciones del techo recortadas e integradas en las puertas para facilitar el acceso de los pilotos, fue un invento original de Broadley para el Mk6.A pesar del éxito inicial del concepto, la relación entre el artesano británico y el gigante de Detroit se deterioró rápidamente debido a profundas diferencias filosóficas. Broadley defendía la ligereza extrema y el uso del aluminio, mientras que los ingenieros estadounidenses, acostumbrados a la producción masiva y obsesionados con la resistencia ante impactos, impusieron un chasis de acero mucho más pesado para el GT40. Frustrado por la burocracia corporativa y la pérdida de control creativo, Broadley rescindió su contrato antes de cumplir el año y regresó a su empresa para desarrollar el exitoso Lola T70. Como parte de la separación, Ford le devolvió el chasis original del Lola Mk6 GT.

Para comprender a fondo la mutación técnica entre ambos coches, destaca que el Lola Mk6 GT era un vehículo extremadamente artesanal, pensado para ser ligero y compacto, con un peso que apenas superaba los 950 kilos gracias a su carrocería de fibra de vidrio fina y su chasis semi-monocasco de aluminio en sus últimas especificaciones. El Ford GT40 definitivo, en cambio, se convirtió en una máquina de carreras hiper-industrializada; su chasis pasó a ser un monocasco de acero al carbono completo, lo que incrementó el peso pero le otorgó la rigidez estructural necesaria para soportar motores mucho más grandes y potentes en los años siguientes, como el imponente bloque de 7 litros del Mk II. Mientras que el Lola utilizaba la frágil caja de cambios Colotti que arruinó su carrera en Le Mans, Ford invirtió recursos masivos junto a la firma Kar Kraft para desarrollar transmisiones ultra-resistentes capaces de soportar el brutal torque americano durante 24 horas seguidas. El habitáculo del GT40 también se ensanchó ligeramente y su aerodinámica se perfeccionó en el túnel de viento para corregir la peligrosa inestabilidad a altas velocidades que sufrían los primeros prototipos derivados directamente del Lola.


El destino de los tres prototipos originales del Lola Mk6 GT añade un misticismo especial a esta historia de origen. El primer chasis, construido en acero y con el que se compitió en Le Mans en 1963, fue devuelto a Eric Broadley tras el divorcio técnico con Ford; este coche permaneció en manos de la familia Broadley durante décadas como una reliquia histórica antes de ser vendido a un coleccionista privado que lo restauró por completo. 


El segundo chasis, fabricado en aluminio, fue adquirido originalmente por Ford y se utilizó intensamente en los laboratorios de Detroit para realizar pruebas de fatiga de materiales y estudios de torsión; tras quedar obsoleto por el avance del proyecto GT40, este chasis terminó en el mercado privado y ha cambiado de manos entre selectos entusiastas de la competición clásica. El tercer y último chasis del Mk6 GT, también de aluminio, nunca llegó a las gentes de Ford, sino que fue vendido directamente al equipo de carreras de un distribuidor de Lola en Estados Unidos, compitiendo en diversas carreras americanas antes de ser preservado en museos de renombre. Aunque la alianza entre Eric Broadley y Ford fue efímera y conflictiva, el ADN del Lola Mk6 GT quedó impreso para siempre en el Ford GT40, sirviendo como la chispa técnica indispensable que permitió a la corporación estadounidense dominar el automovilismo mundial a finales de la década.

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