La Vida Feliz (optica helenísticas)
Por Julio Lopez Saco:
La filosofía helenística contó con diversas corrientes, escuelas o movimientos de gran interés relativas a la vida humana y su forma de afrontarla. Los filósofos cínicos fueron ajenos, como bien se sabe, a toda convención social. Aunque se considera a Antístenes el fundador del cinismo, fue Diógenes de Sínope el mejor ejemplo del filósofo de esta corriente, con su estilo de vida radicalmente heterodoxo, lo que conformará la imagen del sabio inconformista que se desentiende de las convenciones sociales. En esencia, desde su perspectiva, la vida feliz consistía en una vida despreocupada, sin metas y sin ambiciones, satisfaciendo nuestros instintos más primarios. La sencillez sería considerada el fundamento para el desarrollo de un comportamiento honesto, autárquico e indiferente ante los muchos avatares de la existencia. Su discípulo más renombrado fue Crates, quien despreciaba las riquezas y la fama. Con su esposa, Hiparquia, practicó el mencionado estilo de vida cínico, ajeno a las convenciones. Los romanos, de mayor austeridad en lo moral, pensaron que este estilo de vida cínico era algo socialmente desvergonzado. A su vez, un discípulo de Crates sería el fundador del estoicismo, Zenón de Citio, convencionalmente mucho más comedido. El estoicismo fue realmente un movimiento cultural con una amplia capacidad de adaptación a los problemas de su época. Entre otros aspectos, los estoicos creían en la existencia de ciclos cósmicos que culminaban en una suerte de conflagración universal que traería consigo una purificación del mundo que, a su vez, regenera todas las cosas. Una idea conectada con la idea de destino, en tanto que el nuevo ciclo cósmico surgido tras la conflagración repetirá sustancialmente lo ya ocurrido en el anterior. Este tema llevó a lo que se denominó el argumento perezoso; si uno enferma, ¿para qué llamar al médico?, en tanto que si ya todo está predeterminado, la persona fallecerá, llame o no al galeno. Por su parte, la filosofía de Epicuro enseña, en realidad, a desprenderse de todo lo que no es natural y necesario. Propone algo similar a otras éticas griegas, como la aristotélica, y es la templanza y la moderación en el cálculo de los placeres. Finalmente, el escepticismo (pirronismo, a partir del nombre del filósofo que había acompañado a Alejandro Magno en su expedición hacia Oriente), más que una escuela fue una actitud filosófica. De hecho, el objetivo de Pirrón era la felicidad, para cuya consecución consideraba necesario vivir sosegadamente, con serenidad, moderación, en paz con los demás y con uno mismo. La felicidad se alcanzaba, por tanto, con una total indiferencia ante los avatares vitales.
En la imagen, un fresco del siglo I que representa a Crates y su esposa Hiparquia, en la villa Farnesina, del Trastevere romano (siglo XVI).
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