La Trampa de Tucídides
"LA TRAMPA DE TUCIDIDES"
En la coyuntura geoestrategica internacional que vivimos hoy en día, se da a conocer un concepto poco conocido para aquellos que nunca han leído a este autor griego, el segundo de la Historia, despues de Heródoto.
La frase clásica atribuida a Tucídides es:
“Lo que hizo inevitable la guerra fue el crecimiento del poder ateniense y el temor que esto provocó en Esparta.”
La visita del Presidente Trump a China a traído a la prensa este concepto creando una analogia anacrónica y que no encaja en aspectos fundamentales, como sistemas económicos, militares y políticos. Sin embargo, sirve como advertencia y no implica necesariamente que todo lo que estamos viviendo hoy en el conflicto de intereses entre potencias, vaya a desencadenar una Tercera Guerra Mundial, "porque si", como si fuera una ley, que en Historia no existen.
La trampa de Tucídides es una teoría de las relaciones internacionales formulada en la era contemporánea por el politólogo e historiador estadounidense Graham Allison, profesor de la Universidad de Harvard. Allison acuñó y popularizó este término a principios de la década de 2010 para describir una dinámica estructural peligrosa en la política global.
La idea se inspira directamente en el análisis del historiador de la antigua Grecia, Tucídides, quien en su obra sobre la Guerra del Peloponeso afirmó que el ascenso de Atenas y el temor que este crecimiento infundió en la potencia establecida, Esparta, hicieron que el conflicto bélico fuera inevitable.
La tesis de Allison sostiene que cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia hegemónica gobernante, las tensiones políticas, económicas y militares suelen conducir a una guerra. Para respaldar esta afirmación, el politólogo analizó dieciséis casos históricos de rivalidad geopolítica similares, concluyendo que doce de ellos terminaron en enfrentamientos armados. En la actualidad, el concepto se utiliza de manera frecuente en el análisis académico y diplomático para alertar sobre los riesgos de un choque directo entre China, como actor en ascenso, y Estados Unidos, como potencia dominante, con el fin de diseñar estrategias que permitan evitar un desenlace destructivo.
A mi manera de ver, y despues de haber estudiado y releído la obra original de Tucidides y de la misma por parte de al menos dos autores (Donald Kagan y Luciano Canfora) con divergentes enfoques, hablar en el caso atenienses actual de una versión actual de la Trampa de Tucidides, se siente sumamente superficial, un enfoque muy básico y súper anacrónico, ante realidades estructurales de funcionamiento alejadisimas entre Estados antiguos y los súper desarrollados modernos.
LOS CUATRO CASOS QUE NO CAYERON EN LA TRAMPA DE TUCIDIDES:
Los cuatro casos analizados por Graham Allison en los que se logró evitar la guerra a pesar de la tensión estructural ilustran cómo la diplomacia, los acuerdos mutuos o factores de disuasión extrema pueden romper la tendencia al conflicto destructivo.
El primero de estos escenarios ocurrió a finales del siglo XV entre España y Portugal, dos potencias marítimas coloniales que competían intensamente por el dominio de las nuevas rutas comerciales y territorios descubiertos; la confrontación directa se evitó gracias a la mediación papal y la firma del Tratado de Tordesillas, el cual trazó una línea imaginaria que dividió el mundo en zonas de influencia exclusivas para cada reino.
El segundo caso se dio a principios del siglo XX con el espectacular ascenso económico y naval de los Estados Unidos, que comenzó a desplazar la hegemonía global del Reino Unido; a diferencia de otros procesos, los británicos decidieron aceptar pacíficamente la supremacía estadounidense en el hemisferio occidental mediante concesiones diplomáticas y la retirada de algunas flotas, sentando las bases de una alianza estratégica duradera en lugar de un choque militar.
El tercer escenario se desarrolló durante la Guerra Fría, cuando la emergente Unión Soviética desafió el liderazgo mundial de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial; en este periodo, el conflicto directo en el continente europeo o a escala global se contuvo de forma exitosa mediante la disuasión nuclear, ya que la certeza de la destrucción mutua asegurada obligó a ambos bandos a competir a través de canales diplomáticos, espionaje y guerras subsidiarias indirectas sin llegar nunca a un enfrentamiento militar frontal.
Finalmente, el cuarto caso ocurrió a finales del siglo XX con la reunificación de Alemania, un proceso que generó un enorme recelo en las potencias dominantes de Europa Occidental, especialmente en el Reino Unido y Francia, ante el temor de un resurgimiento del poder germánico en la región; la crisis se resolvió de forma pacífica gracias a una profunda voluntad política que integró la nueva economía alemana dentro de las estructuras institucionales de la Unión Europea y la OTAN, diluyendo la rivalidad mediante una interdependencia económica y política compartida.
En mi opinión particular, surgida de mi estudio personal a Tucidides, tampoco se puede afirmar que la diplomacia pueda SIEMPRE evitar caer en la guerra, y por consiguiente, en la susodicha "trampa". Sabemos, los que leímos y analizamos la Guerra del Peloponeso original, como la diplomacia se llevó a cabo hasta mas no poder, por los lacónico y orgullosos espartanos, ofertas rechazadas sucesivamente por una prepotente democracia ateniense en su faceta mas radical, y como un golpe de Estado oligárquicos en Atenas, pretendió rendir la ciudad a Esparta.
En el caso de hoy, ni China es una democracia radical, ni Estados Unidos es una oligarquía cerrada. Las diversidades temporales son muchisimas, por lo que hablar hoy de "Trampa de Tucidides" al inicio me dio cierta gracia.

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