Edades mitológicas

 El concepto del declive de la humanidad a través de eras sucesivas encuentra su raíz más profunda en el poema "Trabajos y días" del autor griego Hesíodo, quien introdujo un esquema de cinco edades marcadas por la degradación moral y física de la especie humana. Al principio de todo, durante el reinado del titán Crono, los dioses crearon una raza de oro. Estos seres vivían en un estado de absoluta perfección y comunión divina; no experimentaban la vejez, las enfermedades ni la fatiga, y la tierra les proveía de forma espontánea todo lo necesario para subsistir, por lo que pasaban sus días en perpetuo festejo hasta que la muerte les sobrevenía dulcemente, como un sueño placentero. Al extinguirse esta estirpe, Zeus los transformó en espíritus tutelares invisibles que vagan por la tierra protegiendo a los mortales justos. Posteriormente, los dioses olímpicos dieron forma a la raza de plata, una generación considerablemente inferior en nobleza y sumida en una inmadurez biológica extrema. Los individuos de este periodo pasaban los primeros cien años de su vida como niños dependientes de sus madres y, al alcanzar una breve adultez, sufrían intensamente debido a su insensatez y falta de entendimiento. Su perdición definitiva ocurrió cuando se negaron a rendir tributo y sacrificios a las deidades del Olimpo, lo que provocó que un indignado Zeus los sepultara bajo la tierra, convirtiéndolos en demonios subterráneos menores. [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7]

Para la tercera etapa, el soberano del Olimpo moldeó una estirpe surgida de los fresnos, dando origen a la raza de bronce, seres corpulentos, terribles y obsesionados exclusivamente con la violencia y las artes de la guerra. Esta generación no consumía pan, poseía corazones tan duros como el diamante y utilizaba el bronce para forjar sus armas, herramientas y viviendas, ignorando por completo la existencia del hierro. Su incontrolable agresividad causó que terminaran masacrándose mutuamente, descendiendo a los oscuros dominios del Hades sin dejar nombres dignos de memoria ni honores divinos. Rompiendo la tendencia de decadencia lineal, Hesíodo intercaló una cuarta etapa de carácter excepcional conocida como la edad de los héroes o semidioses. Esta raza, infinitamente más justa y noble que sus predecesoras directas, estuvo compuesta por los guerreros míticos que protagonizaron las grandes epopeyas griegas, combatiendo con valentía en las llanuras de Tebas y en la legendaria guerra de Troya. A su muerte, aquellos que perecieron en combate no sufrieron el olvido eterno, sino que Zeus les concedió una morada privilegiada en las Islas de los Bienaventurados, en los confines del océano, donde viven eternamente libres de preocupaciones bajo el pacífico gobierno de Crono. [1, 2, 3, 4, 5]
El relato concluye con la sombría raza de hierro, la era contemporánea al propio Hesíodo y en la cual se halla sumida la humanidad actual. Se define como un tiempo de tormento incesante, donde los seres humanos deben trabajar la tierra de sol a sol con herramientas pesadas para subsistir, enfrentando la vejez prematura, la angustia y la maldad. En este periodo, los lazos familiares se quiebran, los hijos deshonran a sus padres, los huéspedes traicionan a sus anfitriones y la envidia corroe el tejido social. Hesíodo profetizó que el fin absoluto de esta quinta era llegará cuando los bebés nazcan con canas, señal inequívoca de una corrupción biológica total, momento en el cual las diosas Aidós y Némesis abandonarán definitivamente la tierra para refugiarse en el Olimpo, dejando a los hombres desamparados ante el mal y provocando que Zeus aniquile por completo a la humanidad entera. [1, 2, 3, 4, 5]
Este viaje a través del tiempo mítico no fue exclusivo de las letras griegas; siglos más tarde, el célebre poeta romano Ovidio adaptó y reinterpretó esta cronología en su obra maestra "Las metamorfosis". A diferencia del modelo de Hesíodo, Ovidio omitió por completo la edad de los héroes para mantener una simetría perfecta basada estrictamente en la degradación de los metales, reduciendo el esquema a cuatro eras: oro, plata, bronce y hierro. En la versión de Ovidio, la transición de la era de oro a la de plata no se debe a un cambio de raza natural, sino al derrocamiento de Saturno por parte de Júpiter, evento celeste que fragmentó la eterna primavera original en cuatro estaciones climáticas obligando a la humanidad a buscar refugio en cuevas y a labrar la tierra por primera vez. La subsiguiente edad de bronce ovidiana se presenta como un periodo propenso a la crueldad y a las armas, aunque sin alcanzar una impiedad absoluta, sirviendo como antesala perfecta para la terrible edad de hierro romana. En este último eslabón, Ovidio enfatiza cómo la codicia impulsa la navegación transoceánica, la minería profunda y la delimitación de fronteras terrestres, eliminando la propiedad comunal y desatando guerras globales motivadas por el oro y el hierro. Esta visión ovidiana consolida la noción clásica de que la historia humana es un proceso de alejamiento inevitable de la virtud primitiva y el orden divino. [1, 2, 3, 4]
MITOS DE LE ERA HEROICA 
Los mitos de la era heroica comprenden las grandes hazañas de los semidioses griegos, nacidos de la unión entre deidades y mortales, quienes protagonizaron los relatos más célebres de la literatura clásica. El ciclo mitológico central de esta cuarta edad según Hesíodo gira en torno a la Guerra de Troya, un conflicto bélico de diez años desatado por el rapto de Helena y inmortalizado por Homero en la Ilíada, donde guerreros de la talla de Aquiles, el casi invencible héroe aqueo, y Héctor, el noble defensor troyano, alcanzaron la gloria eterna en el campo de batalla. Este periodo también abarca el desgarrador regreso a casa de los supervivientes, reflejado de forma magistral en la Odisea a través de las interminables peripecias marinas de Odiseo (Ulises) para burlar las maldiciones de Poseidón y recuperar su reino en Ítaca.
Antes de los acontecimientos de Troya, la era heroica estuvo marcada por la expedición de Jasón y los Argonautas, una travesía marítima a bordo del barco Argo con el fin de capturar el vellocino de oro en la lejana Cólquide, una misión que reunió a los principales campeones de la época, incluido el poderoso Heracles (Hércules). De forma paralela, el ciclo tebano narra la trágica historia de Edipo, el rey maldito destinado a matar a su padre y desposar a su madre, cuyas consecuencias directas desencadenaron la guerra de los Siete contra Tebas, donde los hijos de Edipo se disputaron el trono hasta la muerte. Completan este glorioso eslabón mitológico las hazañas individuales de Perseo, ejecutor de la gorgona Medusa, y de Teseo, el príncipe ateniense que se adentró en el intrincado laberinto de Creta para dar muerte al Minotauro, consolidando una era de monstruos vencidos y justicia restaurada antes del definitivo declive humano hacia la edad de hierro.

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