Desembarco holandes en Inglaterra
EL DÍA QUE INGLATERRA FUE TOMADA POR UNA POTENCIA EXTRANJERA. LA REVOLUCION GLORIOSA (1688-89)
Desde la conquista de Inglaterra por Guillermo de Normandia y su victoria en la batalla de Hasting, las islas británicas no habían sido tomadas por ningún enemigo moderno. El Imperio español de Felipe II y su Armada Invencible fracasaron en el intento, pero sería paradójicamente un territorio europeo que pertenecía a los españoles, quien lograría tomar tiempo después a Inglaterra, esa fue Holanda, para la época conocida como Provincias Unidas.
CONTEXTO HISTÓRICO: La crisis política que vivía Inglaterra entre el absolutismo de Jacobo II y los Parlamentarios, junto a las diferencias religiosas de la época entre católicos, anglicanos y protestantes, hizo tomar al Parlamento (anglicano) una decisión al margen de la opinión del rey, la de dar la sucesión del reino al descendiente protestante mas cercano. Jacobo II tuvo con su anterior matrimonio dos hijas, Maria y Ana, ambas Anglicana. La mayor, Maria, se casó con el príncipe protestante de las Provincias Unidas, Guillermo de Orange y fueron llamados por el Parlamento a ocupar el trono, dejando de lado a un nuevo hijo, católico, que recién había obtenido Jacobo II. Maria y Guillermo llegaron a Inglaterra junto a la potente armada holandesa. Holanda además era enemiga de la Francia del rey Sol Luis XIV, absolutista por excelencia, así que la elección quedaba ideal para los liberales parlamentaristas ingleses, que ya dominaban la política de ese país.
Pero, como reaccionó la Armada Inglesa y Jacobo II ante esta "invasión"?
El desembarco holandés en Torbay que desencadenó la Revolución Gloriosa de 1688 no habría tenido éxito sin la calculada inacción de la Marina Real Inglesa, la cual superaba en potencia de fuego a la armada invasora pero se encontraba profundamente fracturada por divisiones políticas y religiosas.
Mientras el príncipe Guillermo de Orange cruzaba el canal de la Mancha a bordo de su buque insignia personal, la fragata ligera de treinta cañones Den Briel —desde donde ondeaba su estandarte en defensa de la religión protestante y las libertades inglesas—, la flota holandesa avanzaba protegida por imponentes navíos de línea como el Leyden, una nave de sesenta y dos cañones que servía de buque insignia militar bajo el mando del almirante inglés disidente Arthur Herbert, y el Hollandia, liderado por el vicealmirante Cornelis Evertsen.
En total, la expedición movilizó unos cincuenta navíos de guerra principales y cuatrocientas embarcaciones de transporte para trasladar a más de quince mil soldados. A pesar de la magnitud de esta fuerza, el rey Jacobo II de Inglaterra confiaba en que su propia armada, comandada por el fiel lord Dartmouth, interceptaría y destruiría a los invasores en el mar.
Sin embargo, factores meteorológicos combinados con el sabotaje político neutralizaron por completo la respuesta defensiva británica. En un primer momento, el célebre "viento protestante" sopló con una dirección favorable que impulsó a los holandeses hacia el oeste del canal mientras mantenía bloqueados a los barcos ingleses en sus bases del río Támesis.
Cuando la flota de Dartmouth logró finalmente zarpar y ponerse en marcha, la falta de viento y la densa niebla retrasaron su avance, impidiéndoles alcanzar a los invasores antes de que completaran el desembarco. Más allá de las dificultades climáticas, el verdadero golpe de gracia para el monarca inglés fue la crisis de lealtad dentro de sus propias filas, ya que muchos oficiales de la Marina Real Inglesa, descontentos con las políticas absolutistas y católicas de Jacobo II, mantuvieron contactos secretos con los conspiradores y decidieron evitar el combate de manera deliberada.
Al negarse a entablar batalla, la marina inglesa permitió que Guillermo de Orange consolidara su posición en tierra firme sin derramar una sola gota de sangre en el mar, transformando una masiva invasión militar extranjera en una transición política prácticamente pacífica.

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