Asedios en la Guerra Arquidámica
LOS ASEDIOS DE LA PRIMERA FASE DE LA GUERRA DEL PELOPONESO: EL ALTO COSTO DE UNA ESTRATEGIA ARCAICA Y ANCESTRAL. INICIOS DE LA CRUELES RETALACIONES EN AMBOS BANDOS.
EL CASO DEL ASEDIO ATENIENSE A POTIDEA:
La fase arquidámica de la Guerra del Peloponeso comenzó en un contexto de creciente tensión entre Atenas y Esparta, cuando el poder marítimo y económico ateniense empezó a ser percibido como una amenaza por gran parte del mundo griego. Uno de los episodios más importantes de los años inmediatamente anteriores a la guerra fue el asedio de Potidea, iniciado en 432 a. C. Potidea era una colonia de Corinto, aunque formaba parte de la Liga de Delos y pagaba tributo a Atenas.
Esta doble dependencia despertaba profundas sospechas en Pericles, quien temía que la ciudad pudiera rebelarse y abrir una peligrosa vía de penetración espartana en el norte del Egeo.
Pericles exigió a Potidea derribar sus murallas orientadas hacia el mar, expulsar a los magistrados corintios y entregar rehenes como garantía de fidelidad. La ciudad rechazó estas condiciones y recibió apoyo encubierto de Corinto y de Macedonia. Atenas respondió enviando una gran expedición militar y naval, iniciando un largo asedio que se prolongó aproximadamente entre 432 y 430 a. C.
El conflicto resultó extremadamente costoso para Atenas: miles de hoplitas y marineros fueron movilizados, enormes sumas del tesoro público fueron consumidas y la operación debilitó otros frentes estratégicos. Tucídides menciona que el asedio llegó a costar más de dos mil talentos, una cifra gigantesca para la época.
Sin embargo, Pericles consideraba que el control de Potidea ofrecía ventajas decisivas. Permitía asegurar las rutas comerciales del norte del Egeo, impedir la expansión corintia y mantener sometidas a las ciudades tributarias de Tracia y Calcídica. La principal desventaja fue precisamente el desgaste humano y financiero, además de la imposibilidad de concentrar fuerzas en otros escenarios. Cuando finalmente Potidea capituló, los atenienses expulsaron a gran parte de la población original y repoblaron la ciudad con colonos atenienses, convirtiéndola en una base avanzada militar y naval. Este desplazamiento de población revela cómo la guerra fue endureciendo las prácticas políticas y militares de Atenas, sustituyendo progresivamente la moderación por medidas de coerción y control imperial cada vez más severas.
Los asedios durante esta etapa de la guerra seguían métodos todavía arcaicos en comparación con épocas posteriores. Los ejércitos griegos carecían de verdadera artillería de asedio; no existían aún las catapultas de gran potencia desarrolladas en el período helenístico. Por ello, las operaciones se basaban principalmente en el bloqueo, la construcción de rampas de tierra, torres móviles y el empleo de arietes para golpear murallas. La duración de los asedios dependía más del hambre, las enfermedades y el agotamiento económico que de la destrucción técnica de las fortificaciones.
EL CASO DEL ASEDIO ESPARTANO A PLATEA:
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| Asedio espartano a Platea, construcción de la rampa. |
Casi contemporáneamente al asedio de Potidea se desarrolló el dramático conflicto de Platea. La pequeña ciudad beocia había sido una histórica aliada de Atenas desde las Guerras Médicas y había combatido heroicamente junto a los atenienses en la Batalla de Maratón y posteriormente en la célebre batalla de Platea contra los persas. Esa antigua alianza convirtió a la ciudad en objetivo prioritario de Tebas, rival tradicional de Platea y aliada de Esparta.
Las motivaciones tebanas eran múltiples. Políticamente, Tebas deseaba dominar toda Beocia e integrar a Platea dentro de la Liga Beocia bajo su hegemonía. Económicamente, el territorio plateense poseía tierras agrícolas fértiles y controlaba importantes rutas locales. Militarmente, Platea constituía una peligrosa posición favorable a Atenas en el corazón de Beocia.
En 431 a. C., poco antes de la guerra abierta, un pequeño grupo de aproximadamente trescientos tebanos logró entrar de noche en Platea con ayuda de simpatizantes internos. Los tebanos intentaron hacer creer que representaban una fuerza mucho mayor y exigieron que la ciudad abandonara su alianza con Atenas. La población de Platea reaccionó inesperadamente. Aprovechando la oscuridad y el conocimiento de las calles, los plateenses organizaron una contraofensiva improvisada. Muchos tebanos fueron muertos y otros capturados. Los prisioneros fueron ejecutados, en un acto de gran crueldad que agravó irreversiblemente las tensiones regionales. Tebas respondió pidiendo ayuda a Esparta y presentando el episodio como una agresión contra sus aliados.
Esparta había mostrado inicialmente cierta prudencia respecto a Platea debido al prestigio histórico de la ciudad por su participación contra Persia. Sin embargo, varios factores alteraron esa posición. La influencia del partido belicista en Esparta, el temor al crecimiento del poder ateniense y la presión de Tebas empujaron finalmente a los espartanos a actuar. Además, mientras Atenas estaba comprometida en el costoso asedio de Potidea, resultaba difícil enviar suficiente ayuda militar a Platea. En 429 a. C. el rey espartano Arquidamo II inició formalmente el gran asedio de la ciudad.
Los espartanos emplearon técnicas tradicionales de asedio: construyeron enormes rampas de tierra contra las murallas, utilizaron arietes y levantaron torres de madera. Los defensores respondieron elevando nuevas murallas interiores y excavando túneles para debilitar las estructuras enemigas. Finalmente, los atacantes rodearon completamente la ciudad mediante una doble línea de fortificaciones destinada a impedir tanto la huida como el socorro exterior. Tras años de hambre y resistencia desesperada, Platea cayó en 427 a. C. Muchos defensores fueron ejecutados por los espartanos después de juicios sumarios, y la ciudad fue destruida casi por completo. El episodio simbolizó la brutalización creciente de la guerra y la incapacidad de Atenas para proteger a todos sus aliados simultáneamente.
EL CASO DE MITILENE
El caso de Mitilene, en la isla de Lesbos, mostró una dimensión distinta del conflicto durante la fase arquidámica. Lesbos era una de las potentes islas de la Liga de Delos con flota propia, por lo tanto era poderosa. Y a diferencia de Potidea o Platea, Mitilene no era una pequeña ciudad fronteriza, sino una importante aliada marítima de Atenas dentro de la Liga de Delos. Lesbos poseía una posición estratégica esencial para controlar las rutas del noreste del Egeo y disponía todavía de cierta autonomía y de una flota propia, privilegios que Atenas había permitido conservar.
En 428 a. C. los dirigentes de Mitilene decidieron rebelarse contra Atenas. Temían que, tarde o temprano, la ciudad perdiera su autonomía y quedara sometida completamente al imperialismo ateniense, como había ocurrido con otros aliados. También existían tensiones económicas y políticas internas entre sectores oligárquicos y democráticos. Los mitileneos buscaron apoyo de Esparta y de otras ciudades enemigas de Atenas, esperando provocar una revuelta general en el Egeo.
Atenas reaccionó rápidamente enviando una expedición naval y estableciendo un bloqueo sobre la ciudad. El asedio fue diferente a los de Potidea y Platea porque se trató sobre todo de una operación marítima y política, ligada al control imperial ateniense más que a la conquista territorial directa. Finalmente Mitilene capituló en 427 a. C., y entonces se produjo uno de los debates más célebres de la democracia ateniense.
En la Asamblea destacó la figura del político radical Cleón, quien exigió ejecutar a todos los hombres adultos de Mitilene y esclavizar a mujeres y niños como castigo ejemplar contra la rebelión. La Asamblea aprobó inicialmente esta propuesta y una trirreme fue enviada con la orden de realizar la matanza. Sin embargo, al día siguiente muchos ciudadanos atenienses comenzaron a reconsiderar la decisión. Surgió entonces una segunda discusión, en la que varios oradores argumentaron que un castigo tan extremo perjudicaría los intereses del propio imperio ateniense, pues empujaría a otras ciudades a resistir hasta el final en futuras rebeliones.
La Asamblea cambió finalmente de opinión y envió una segunda trirreme con nuevas órdenes para detener la ejecución masiva. La nave avanzó apresuradamente día y noche y logró llegar poco antes de que se cumpliera la sentencia. Gracias a ello, la mayoría de la población de Mitilene fue salvada. Solo fueron ejecutados los principales responsables de la revuelta y Atenas confiscó parte de las tierras de la isla. El episodio reveló las tensiones internas de la democracia ateniense entre moderación y violencia imperial, así como la rapidez con la que la Guerra del Peloponeso fue transformando las prácticas políticas y militares del mundo griego.

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