Ministros franceses de Economia pre revolucionarios
PRELUDIOS A LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
LOS MINITROS DE ECONOMIA CONTRA LOS PRIVILEGIADOS DE LA NOBLEZA. HACIA LA CONVOCATORIA DE LOS ESTADOS GENERALES.
CONTEXTO HISTÓRICO: Las Guerras internacionales contra las potencias rivales de Francia: la monarquía española y la monarquía constitucional inglesa, como la Guerra de los Siete años y la ayuda de los franceses a las colonias inglesas en nortemaerica por su independencia, llevaron a ese pais a un peligroso estado económico. La Corte de Luis XVI continuaba con gastos y lujos causando un deficit y una deuda con intereses que necesitó urgentemente de medidas drásticas de recorte de gastos y ahorro.
El mundo comenzaba una época en el que se debía despertar del sueño de los privilegios de las minorías, "la élite", improductivos y parásitos de la corte del rey, mal acostumbrados a épocas mejores del siglo XVII con Luis XIV, pretendían continuar en su burbuja de vida cómoda, sin rendir cuentas de los gastos que hacían con los fondos de la nación (buena parte asignada al Reino, y otra a la manutención de lal ejército y la armada).
La manera común de adquirir recursos por parte del Estado era a través de los tributos, pero era ya hora de que la nobleza, antes exenta, pagase también. Ya en la Fracia de fines del Medioevo se produjeron problemas con las jacqueries, el levantamiento de los campesinos contra los terrateniente que pretendian aumentar los tributos. Es asi como llegó en 1781 el banquero ginebrino Necker, como ministro de finanzas, justo en el momento de que recien se declarada la independencia los Estados Unidos, salió a relucir el déficit económico en la corte real francesa y de toda la nación.
![]() |
| Jacques Necker |
LOS HECHOS: Cuando Jacques Necker asumió como director general de Finanzas bajo el reinado de Luis XVI, la monarquía francesa estaba ahogada por las deudas acumuladas durante el largo reinado de Luis XIV, las guerras de Luis XV y, más recientemente, la costosa intervención en la guerra de independencia de los Estados Unidos. El Estado gastaba mucho más de lo que ingresaba y sostenía una corte fastuosa en Versalles mientras el sistema fiscal recaía casi exclusivamente sobre el Tercer Estado.
Necker, banquero de origen ginebrino, tomó una medida inédita en 1781: publicó el “Compte rendu au roi”, un informe que presentaba por primera vez las cuentas del reino. En ese documento afirmó que las finanzas ordinarias estaban equilibradas y detalló ingresos y gastos, incluyendo pensiones, sueldos y partidas de la corte. Aunque el informe omitía buena parte de los gastos extraordinarios —como los derivados de la guerra—, la sola idea de hacer públicas las cifras fue vista por muchos nobles como una intromisión peligrosa. La alta nobleza y los cortesanos temían que la transparencia debilitara el prestigio de la monarquía y expusiera privilegios, pensiones y sinecuras que hasta entonces permanecían en la sombra. Además, Necker no pertenecía a la vieja aristocracia y era protestante, lo que aumentaba la desconfianza hacia él. Era pues, el mejor representante de la burguesía emergente, mas capacitada para controlar los designios económicos de los Estados Nacionales modernos, que la anacrónica nobleza de sangre.
La publicación tuvo un efecto inesperado: el público empezó a opinar sobre las finanzas del reino. La imagen de una administración opaca comenzó a resquebrajarse. Muchos nobles consideraron que se estaba minando la autoridad tradicional del rey al someter las cuentas reales al juicio de la opinión pública. La presión de la corte llevó a su destitución temporal, pero el problema estructural —el déficit crónico— no desapareció.
Su rival, Charles Alexandre de Calonne, nombrado controlador general en 1783, adoptó un enfoque distinto. Reconoció que el déficit era real y propuso una reforma profunda: crear un impuesto territorial único que afectara también a la nobleza y al clero, hasta entonces ampliamente exentos. Además, planteó la supresión de ciertas aduanas interiores y la creación de asambleas provinciales. El impuesto a la propiedad inmobiliaria tocaba directamente el corazón de los privilegios aristocráticos. Para evitar convocar a los Estados Generales —que no se reunían desde 1614 y nunca habían sido convocados por Luis XIV ni Luis XV—, Calonne reunió en 1787 a la Asamblea de Notables, compuesta en gran parte por miembros de la alta nobleza y el clero. Esperaba su apoyo, pero estos rechazaron las reformas y exigieron que solo una asamblea representativa del reino podía aprobar nuevos impuestos.
![]() |
| Charles ALEXANDRE DE CALONNE |
El peligro social era evidente. El campesinado soportaba cargas fiscales crecientes, malas cosechas elevaban el precio del pan y la burguesía reclamaba participación política acorde con su peso económico. Si la nobleza se negaba a contribuir y el Estado no encontraba recursos, el colapso financiero podía desembocar en disturbios. La tensión aumentó también en el ejército. En 1781 se había reforzado la exigencia de que los oficiales demostraran nobleza de cuatro generaciones para acceder a ciertos rangos. Esta medida cerró el ascenso a muchos miembros de la burguesía acomodada que aspiraban a carreras militares. El resentimiento creció entre quienes se veían excluidos por no poder probar un linaje “puro”, lo que alimentó un malestar dentro de una institución clave para el orden del Estado.
Tras la caída de Calonne, asumió Étienne Charles de Loménie de Brienne. Intentó reformas menos bruscas y buscó acuerdos con los parlamentos regionales, pero también pretendió imponer nuevos impuestos. Los parlamentos se resistieron y reclamaron la convocatoria de los Estados Generales. La crisis política se agravó: hubo enfrentamientos entre la autoridad real y los magistrados, y en varias ciudades se produjeron disturbios.
Finalmente, ante la bancarrota inminente y la imposibilidad de imponer nuevas cargas fiscales sin legitimidad política, Luis XVI anunció en 1788 la convocatoria de los Estados Generales para mayo de 1789. Para calmar la opinión pública, volvió a llamar a Necker, cuya imagen estaba asociada a la transparencia y a la esperanza de reformas. Su regreso fue recibido con entusiasmo popular.
Las consecuencias inmediatas fueron profundas. La convocatoria abrió un espacio político que ya no pudo cerrarse. El debate sobre la representación -- si el Tercer Estado (la gran mayoría de la población) tendría voto por cabeza o por orden— desató una dinámica que pronto escapó al control de la monarquía. Lo que comenzó como un intento de resolver un déficit financiero terminó cuestionando la estructura misma del Antiguo Régimen. La resistencia de la nobleza a perder privilegios fiscales, la publicación de las cuentas, el fracaso de las reformas de Calonne y Brienne y la exclusión social en ámbitos como el ejército contribuyeron a crear un clima de desconfianza y tensión que desembocó, pocos meses después, en la transformación revolucionaria de Francia.
De los Estados Generales a la Asamblea Nacional (1789)
En 1789, el rey Luis XVI convocó a los Estados Generales para resolver la grave crisis financiera de Francia. Esta asamblea estaba formada por tres estamentos: el clero (Primer Estado), la nobleza (Segundo Estado) y el Tercer Estado, que representaba a la gran mayoría de la población (burgueses, profesionales, campesinos).
El problema surgió cuando se discutió la forma de votar. Tradicionalmente se votaba por estamento, lo que daba ventaja al clero y la nobleza. El Tercer Estado exigió el voto por persona, ya que tenía el doble de representantes. Al no aceptarse su propuesta, el 17 de junio de 1789 se proclamó Asamblea Nacional, afirmando que representaba a la nación entera.
Pocos días después, al encontrar cerrada su sala de reuniones, sus miembros se reunieron en una cancha de juego de pelota y realizaron el Juramento del Juego de Pelota, comprometiéndose a no separarse hasta dar a Francia una constitución.
Formación de la Guardia Nacional
Tras la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, se organizó en París una milicia ciudadana para mantener el orden y defender la Revolución: la Guardia Nacional. Estaba formada principalmente por burgueses y sectores urbanos acomodados. Su comandante fue Gilbert du Motier, marqués de Lafayette. No era un ejército profesional, sino una fuerza cívica destinada a proteger las conquistas revolucionarias.
La Constitución de 1791 y el fin de la monarquía
La Constitución de 1791 estableció una monarquía constitucional. El rey conservaba el poder ejecutivo, mientras que el poder legislativo quedaba en manos de una Asamblea Legislativa elegida por sufragio censitario masculino. Sin embargo, la desconfianza hacia Luis XVI creció, especialmente tras su intento de fuga y su actitud ambigua frente a la guerra. En agosto de 1792 la monarquía fue suspendida y poco después abolida.
Guerras en la etapa inicial
En 1792, todavía bajo la monarquía constitucional, Francia declaró la guerra a Austria. Luego se sumó Prusia. Las potencias europeas temían la expansión de las ideas revolucionarias. Al principio, el ejército francés sufrió derrotas debido a la desorganización y a la emigración de muchos oficiales nobles. Sin embargo, la victoria en Valmy en septiembre de 1792 permitió frenar la invasión y fortaleció el proceso revolucionario.
Formación de la Convención Nacional (1792)
Tras la caída de la monarquía se convocaron elecciones por sufragio universal masculino para elegir una nueva asamblea: la Convención Nacional. Fue elegida en septiembre de 1792.
La Convención abolió la monarquía y proclamó la República. Entre sus miembros surgieron distintos grupos políticos:
Los girondinos, republicanos moderados, muchos provenientes de la región de Gironda. Los jacobinos, más radicales, vinculados al club político de París. Entre ellos destacó Maximilien Robespierre. La Llanura o el Pantano, grupo de diputados sin posición fija, que votaban según las circunstancias.
En el hemiciclo, los jacobinos se sentaban en los asientos altos, llamados La Montaña, mientras que los girondinos ocupaban posiciones más bajas. Los neutrales estaban en el centro.
Juicio y ejecución del rey
La Convención juzgó a Luis XVI por traición. Fue condenado y ejecutado en enero de 1793. Esto provocó la formación de la Primera Coalición europea contra Francia.
El Terror y el Gran Terror
Ante invasiones extranjeras y rebeliones internas, la Convención creó el Comité de Salvación Pública, dominado por Maximilien Robespierre. Comenzó el período conocido como el Terror (1793–1794), caracterizado por tribunales revolucionarios y ejecuciones masivas.
El momento más extremo fue el llamado Gran Terror, durante el mes de Prairial (junio-julio de 1794), según el nuevo calendario revolucionario. En esta etapa se aceleraron los procesos y aumentaron las condenas a muerte.
Caída de Robespierre y fin de la Convención
En julio de 1794 (mes de Thermidor), Robespierre fue arrestado y ejecutado. Este episodio se conoce como la Reacción de Thermidor. Con ello terminó el Terror.
La Convención continuó hasta 1795, cuando aprobó una nueva constitución.
Aparición del Directorio (1795)
La Constitución de 1795 estableció el Directorio. El poder ejecutivo quedó en manos de cinco directores, y el poder legislativo se dividió en dos cámaras. Se volvió al sufragio censitario.
El Directorio gobernó entre 1795 y 1799. Logró cierta estabilidad militar gracias a los éxitos del ejército, especialmente bajo el mando de Napoleón Bonaparte, pero enfrentó corrupción, crisis económica y conspiraciones.
En 1799, Napoleón dio el golpe de Estado del 18 de Brumario, que puso fin al Directorio y a la etapa revolucionaria más radical.
Consecuencias generales
Entre 1789 y 1799 Francia pasó por monarquía constitucional, república radical y república moderada. Se abolieron los privilegios feudales, se afirmó el principio de soberanía nacional y se transformó el ejército mediante la promoción por mérito. La Revolución alteró profundamente el equilibrio político europeo y abrió el camino a la era napoleónica.

.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario