CONSTITUCIONES Y GUERRAS EN LA REVOLUCION FRANCESA

 La Constitución de 1791

La Constitución de 1791 fue la primera carta fundamental surgida de la Revolución Francesa. Transformó a Francia en una monarquía constitucional. El rey, Luis XVI, ya no gobernaba con poder absoluto, sino que compartía el poder con una Asamblea Legislativa elegida por los ciudadanos. La soberanía dejaba de estar en el monarca y pasaba a la Nación. El poder ejecutivo quedaba en manos del rey, que podía nombrar ministros y ejercer un veto suspensivo sobre las leyes. El poder legislativo correspondía a una sola cámara elegida mediante sufragio censitario, es decir, solo podían votar los hombres que pagaban cierto nivel de impuestos. El poder judicial quedaba en manos de jueces elegidos. Aunque fue un gran avance frente al absolutismo, el sistema generó desconfianza, especialmente cuando el rey intentó huir del país. La crisis política y la guerra provocaron su caída en 1792 y el fin de la monarquía.

La Constitución de 1793

Tras la abolición de la monarquía y la proclamación de la República, se elaboró la Constitución de 1793, impulsada por los sectores más radicales de la Revolución, entre ellos Maximilien Robespierre. Esta constitución establecía una república democrática basada en el sufragio universal masculino. Todos los hombres adultos podían votar, sin distinción de riqueza. Se reconocían derechos sociales como el derecho al trabajo y a la ayuda pública. El poder legislativo residía en una asamblea única elegida por el pueblo, y el poder ejecutivo en un consejo designado por esa asamblea. Sin embargo, debido a la guerra exterior y a las amenazas internas, esta constitución nunca se aplicó plenamente. En su lugar, se instauró un gobierno de emergencia que concentró el poder en el Comité de Salvación Pública durante el período del Terror.

La Constitución de 1795

Después de la caída de Robespierre, se buscó un sistema más moderado que evitara tanto el retorno de la monarquía como el radicalismo extremo. Así nació la Constitución de 1795, que estableció el régimen del Directorio. El poder legislativo se dividía en dos cámaras: el Consejo de los Quinientos, que proponía las leyes, y el Consejo de Ancianos, que las aprobaba o rechazaba. El poder ejecutivo quedaba en manos de cinco directores elegidos por el poder legislativo. Se volvió al sufragio censitario, limitando nuevamente la participación política. El Directorio intentó estabilizar el país y continuar la guerra contra las potencias europeas, pero enfrentó graves problemas económicos, corrupción e inestabilidad. Dependía cada vez más del ejército, lo que permitió el ascenso político y militar de Napoleón Bonaparte, quien finalmente dio el golpe de Estado de 1799.

La guerra en la etapa de la monarquía constitucional

En 1792, durante la vigencia de la Constitución de 1791, Francia declaró la guerra a Austria, a la que luego se sumó Prusia. Las monarquías europeas temían que las ideas revolucionarias se expandieran y querían restaurar el poder pleno de Luis XVI. Al principio, el ejército francés sufrió derrotas, ya que muchos oficiales nobles habían emigrado y la organización era deficiente. Sin embargo, la victoria en la batalla de Valmy permitió frenar la invasión y fortaleció el proceso revolucionario. Poco después se proclamó la República y el rey fue juzgado.


La guerra durante la República

Tras la ejecución de Luis XVI en 1793, varias potencias formaron la Primera Coalición contra Francia, entre ellas Austria, Prusia, Gran Bretaña y España. Francia enfrentó invasiones externas y rebeliones internas. Para responder, el gobierno decretó la movilización general y reorganizó el ejército. Se promovió a oficiales por mérito y no por origen noble, lo que permitió el surgimiento de nuevos jefes militares. Entre ellos destacó Napoleón Bonaparte, quien en la campaña de Italia obtuvo importantes victorias contra Austria y reorganizó territorios conquistados en repúblicas aliadas, llamadas repúblicas hermanas. Gracias a estas victorias, Francia pasó de estar amenazada por la invasión a convertirse en una potencia expansiva que modificó profundamente el mapa político europeo a fines del siglo XVIII.

1. Las tres primeras constituciones de la Revolución Francesa

La Constitución de 1791 – La monarquía constitucional

La primera constitución escrita de Francia fue la Constitución de 1791, aprobada por la Asamblea Nacional tras el inicio de la Revolución en 1789. Francia dejaba de ser una monarquía absoluta y se convertía en una monarquía constitucional.

El rey seguía siendo Luis XVI, pero ya no gobernaba solo ni por derecho divino. La soberanía pasaba a la Nación.

¿Cómo estaba organizada?

Poder Ejecutivo: lo ejercía el rey. Nombraba ministros y tenía derecho de veto suspensivo (podía retrasar una ley, pero no anularla definitivamente).

Poder Legislativo: una Asamblea Legislativa única (una sola cámara), elegida por ciudadanos varones que pagaban cierto nivel de impuestos (sufragio censitario).

Poder Judicial: jueces elegidos.

No todos podían votar. Solo los llamados “ciudadanos activos” (hombres con determinado nivel económico) participaban en las elecciones. Era un sistema liberal, pero no democrático en el sentido moderno.

Problemas y final

La desconfianza hacia el rey aumentó cuando intentó huir del país (Fuga de Varennes, 1791). La guerra contra potencias europeas y la sospecha de traición llevaron a la caída de la monarquía en 1792. La Constitución de 1791 quedó anulada.

La Constitución de 1793 – La República democrática

Tras la abolición de la monarquía y la proclamación de la República en 1792, se redactó una nueva constitución: la Constitución de 1793, también llamada Constitución del Año I.

Fue impulsada por los jacobinos, con figuras como Maximilien Robespierre.

Características principales

Francia se declaraba República.

Se establecía el sufragio universal masculino (todos los hombres adultos podían votar).

Se reconocían derechos sociales: trabajo, educación y ayuda pública.

La soberanía residía directamente en el pueblo.

Organización del poder

Poder Legislativo: una sola asamblea llamada Convención Nacional, elegida por sufragio universal masculino.

Poder Ejecutivo: un Consejo Ejecutivo de 24 miembros, designado por la Asamblea.

Las leyes podían ser sometidas a aprobación popular.

Sin embargo, esta constitución nunca llegó a aplicarse plenamente, porque Francia estaba en guerra y en plena crisis interna. En su lugar, se impuso un gobierno de emergencia dominado por el Comité de Salvación Pública, durante el período conocido como el Terror (1793–1794).

La Constitución de 1795 – El Directorio

Después de la caída y ejecución de Robespierre (1794), se buscó un sistema más moderado. Así nació la Constitución de 1795, que estableció el régimen del Directorio.

Composición

Poder Legislativo bicameral:

Consejo de los Quinientos (proponía leyes).

Consejo de Ancianos (aprobaba o rechazaba).

Poder Ejecutivo: cinco directores (el Directorio), elegidos por el poder legislativo.

Volvía el sufragio censitario, eliminando el voto universal masculino.

Fines del Directorio

Evitar tanto el absolutismo como el radicalismo jacobino.

Estabilizar la economía.

Continuar la guerra contra las potencias europeas.

Logros y problemas

El Directorio logró mantener a Francia en guerra y expandir su influencia, pero sufrió corrupción, crisis económica e inestabilidad política. Dependía cada vez más del ejército. Finalmente, fue derribado por el golpe de Estado del 18 de Brumario (1799), encabezado por Napoleón Bonaparte.

2. Las guerras en la fase inicial de la Revolución

La guerra durante la monarquía constitucional (1792)

En 1792, Francia declaró la guerra a Austria. Poco después se sumó Prusia. Estas potencias querían frenar la Revolución y restaurar el poder del rey.

Fracasos iniciales

El ejército francés estaba desorganizado.

Muchos oficiales eran nobles y emigraron.

Hubo derrotas y deserciones.

Sin embargo, la victoria en la batalla de Valmy (1792) marcó un punto de inflexión. La República fue proclamada poco después.

La guerra tras la ejecución de Luis XVI – La Primera Coalición

En 1793, tras la ejecución de Luis XVI, varias potencias formaron la Primera Coalición contra Francia: Austria, Prusia, Gran Bretaña, España y otros estados.

Francia enfrentó invasiones externas y rebeliones internas (como la de la Vendée).

De las derrotas a las victorias

El cambio fue profundo:

Se decretó la levée en masse (reclutamiento masivo).

Se promovió a oficiales por mérito y no por nobleza.

Muchos militares nobles fueron reemplazados por oficiales de origen burgués o popular.

Esto permitió el ascenso de comandantes jóvenes y capaces.

La intervención decisiva de Napoleón

Entre los nuevos oficiales destacó Napoleón Bonaparte.

En 1796 fue enviado a Italia, donde dirigió la campaña contra Austria. Allí:

Derrotó repetidamente a ejércitos superiores en número.

Obligó a Austria a firmar el Tratado de Campo Formio (1797).

Transformó el norte de Italia en repúblicas aliadas de Francia.

Se crearon las llamadas “repúblicas hermanas”, como la República Cisalpina y la República Ligur, inspiradas en el modelo francés.

Estas repúblicas difundieron ideas revolucionarias y debilitaron el poder de las monarquías tradicionales.

3. El nuevo mapa político europeo a fines del siglo XVIII

Hacia 1799:

Francia se había expandido hasta el Rin.

Bélgica y la orilla izquierda del Rin fueron incorporadas.

En Italia surgieron repúblicas bajo influencia francesa.

El Sacro Imperio Romano Germánico estaba debilitado.

Gran Bretaña seguía siendo la principal enemiga marítima de Francia.

Europa entraba en una nueva etapa. La Revolución Francesa no solo había cambiado el sistema político interno de Francia, sino que había alterado el equilibrio de poder europeo.

El ascenso de Napoleón Bonaparte marcaría el inicio de una nueva fase: la era napoleónica, que transformaría aún más el continente.

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