Batalla de Magnesia

ROMA SE EXTIENDE AL ORIENTE MEDITERRÁNEO. LA III GUERRA SIRIACA (ANIBAL Y ESCIPIÓN SE ENFRENTAN DE NUEVO). BATALLA DE MAGNESIA. 

CONTEXTO HISTÓRICO: Luego de la rendición de Cartago tras la batalla de Zama, Anibal Barca tuvo que exiliarse de la misma Cartago, y los Escipiones dominaron por un tiempo el Senado romano, siempre influido por la oposición de Catón. Ambos hermanos partieron hacia Anatolia, porque existia en Roma el temor de que Antíoco III tuviera planes a largo plazo de invadir Roma, influido por un vengativo Aníbal Barca, su nuevo consejero de guerra.

Aníbal Barca,  Lucio Cornelio Escipión y Antíoco III 

LOS EVENTOS: La lllamada Tercera Guerra siriaca (anteriormente hubo otras dos entre los diádocos), librada entre 192 y 188 a.C., fue el enfrentamiento decisivo entre la República romana y el poderoso reino de Antíoco III el Grande. En aquellos años Roma acababa de derrotar a Filipo V de Macedonia en Cinoscéfalos y se había presentado ante las ciudades griegas como garante de su libertad. Sin embargo, esa libertad dependía cada vez más de la voluntad del Senado romano.

En la corte seléucida se hallaba exiliado el gran enemigo de Roma, Aníbal Barca. Tras la derrota de Cartago frente a Publio Cornelio Escipión Africano en Zama, Aníbal había huido al Oriente y ofrecido su experiencia militar a Antíoco III. En Roma surgió el temor de que el rey seléucida, aconsejado por el cartaginés, intentara repetir la hazaña de invadir Italia. Cuando Antíoco intervino en Grecia apoyando a la Liga Etolia contra la influencia romana, el Senado interpretó ese movimiento como el inicio de una amenaza mayor. Roma decidió entonces no esperar a que el peligro creciera y optó por trasladar la guerra al otro lado del mar.

Antíoco fue derrotado en Grecia (acudiendo al llamado de la Liga etolia, en otra batalla de las Termopilas,  la tercera, del 191 a.e.c., la segunda fue aquella en la que los etolios derrotarona los celtas gálatas,  el siglo anterior) y obligado a retirarse a Asia Menor. El mando romano pasó a Lucio Cornelio Escipión (llamado despues "Asiático" tras la victoria en Magnesia), acompañado por su hermano Escipión Africano como consejero. En el año 190 a.C. ambos ejércitos se enfrentaron en la Batalla de Magnesia, cerca del monte Sípilo. El ejército seléucida era numeroso y variado: contaba con falanges al estilo macedónico, caballería pesada, carros falcados y elefantes de guerra. Sin embargo, la legión romana, organizada en manípulos, era más flexible que la rígida falange. Además, los romanos actuaron coordinados con su aliado el reino de Pérgamo, gobernado por Eumenes II, que aportó una valiosa caballería.

Durante la batalla, los carros falcados de Antíoco fueron desorganizados por tropas ligeras. El propio rey persiguió con su caballería a un ala romana y se alejó del centro del combate. Esa maniobra dejó aislada a la falange seléucida, que fue rodeada y atacada por los romanos desde varios frentes. La derrota fue completa. Roma demostraba que su sistema militar de Legión manipular podía imponerse a los grandes ejércitos helenísticos de falanges. 

Mientras tanto, en Grecia, Marco Fulvio Nobilior llevó a cabo operaciones contra la Liga Etolia, que había apoyado a Antíoco. Tras sitiar Ambracia, obligó a los etolios a aceptar condiciones duras y a someterse a la influencia romana. No se trató de una anexión directa, pero sí de una pérdida real de independencia.

La guerra concluyó con la Paz de Apamea en 188 a.C. Antíoco III perdió todos sus territorios al oeste del Tauro, pagó una gran indemnización, entregó sus elefantes y limitó su flota. Roma no incorporó directamente esas tierras, sino que fortaleció a sus aliados. Pérgamo recibió amplias regiones y se convirtió en la principal potencia de Asia Menor bajo protección romana. Rodas también fue recompensada. Las poleis griegas conservaron formalmente su libertad, pero quedaron dentro de la órbita política de Roma.

El resultado fue un nuevo equilibrio en el mundo oriental. El Imperio seléucida quedó debilitado y replegado hacia Asia. Pérgamo surgió como reino aliado de Roma y dependiente de su apoyo. Las ligas griegas perdieron margen de maniobra. Macedonia, bajo el reinado de Perseo de Macedonia, observaba con inquietud el crecimiento de la influencia romana. En ese ambiente de tensiones y desconfianza se preparaba el escenario que desembocaría pocos años después en la Tercera Guerra Macedónica. La Tercera Guerra siriaca había convertido a Roma en árbitro del mundo helenístico, aunque todavía sin ejercer un dominio directo sobre él.

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