Preludios a la Segunda guerra del Peloponeso

Tras la paz que juraron por treinta años, cuando aún no se habían borrado de la memoria los trabajos de la guerra anterior, comenzó a manifestarse, sin proclamación abierta pero con signos inequívocos, el movimiento que habría de arrastrar a toda Grecia a un nuevo conflicto. Pues no fue un solo hecho, ni una injusticia aislada, lo que quebró la concordia, sino una sucesión de actos que, aunque en apariencia legales, nacían del mismo principio: el crecimiento del poder ateniense y el temor que éste inspiraba.

Atenas, que vivía bajo un régimen democrático y confiaba el mando a Pericles, no interpretó la paz como reposo, sino como oportunidad. En el año en que se fundó Turios en Italia, colonia proclamada común a los griegos, pero dirigida en los hechos por los atenienses, muchos comenzaron a comprender que la ciudad no pensaba contener su influencia dentro de los límites del tratado. Esparta, gobernada por una oligarquía antigua y severa, no se movió entonces, pues sus reyes y éforos juzgaron que aquel hecho, aunque inquietante, no bastaba para justificar la guerra. Sin embargo, la sospecha quedó sembrada.

No mucho después, y como culminación de una política sostenida desde tiempo atrás, Atenas afirmó su dominio sobre las islas. Naxos y Tasos habían sido sometidas con anterioridad; pero fue el castigo infligido a Samos, en el año en que esta isla, gobernada por una oligarquía, se rebeló contra el poder ateniense, lo que mostró con mayor claridad la naturaleza del imperio. Pericles redujo a Samos por la fuerza, impuso un régimen favorable a la democracia ateniense y aseguró el tributo. Esparta deliberó entonces sobre la guerra, pero el rey Arquidamo, hombre de juicio lento y prudente, persuadió a los suyos de que no era aún el momento. Así, por segunda vez, el conflicto fue aplazado, no resuelto.

La causa que sacó a la luz lo que hasta entonces se había contenido fue el asunto de Epidamno. Esta ciudad, colonia de Corcira, estaba gobernada por un régimen democrático y desgarrada por la sedición. Rechazada por su metrópolis, buscó auxilio en Corinto, ciudad oligárquica y enemiga antigua de Corcira. Corinto aceptó, no tanto por piedad hacia Epidamno como por el deseo de castigar a su colonia rebelde. Cuando Corcira respondió con la guerra, y ambas ciudades se enfrentaron en el mar, quedó claro que el conflicto ya no era menor.

Corcira, temiendo ser vencida por la flota corintia, acudió a Atenas. Los atenienses, tras deliberar largamente, aceptaron una alianza defensiva, no por amistad, sino por cálculo: sabían que si Corcira caía, su flota pasaría a manos del enemigo. En la batalla de Síbota, cuando los atenienses intervinieron para impedir la destrucción de Corcira, los corintios comprendieron que la paz estaba vacía de contenido. Desde ese momento, llevaron su acusación a Esparta con un resentimiento que ya no admitía remedio.

Poco después, Atenas promulgó el decreto contra Mégara, ciudad gobernada por una oligarquía y aliada de Esparta, excluyéndola de los mercados y puertos del imperio. Aunque los atenienses afirmaban que era castigo justo, los peloponesios lo consideraron violencia encubierta. Al mismo tiempo, Potidea, colonia corintia y aliada tributaria de Atenas, fue obligada a derribar sus murallas. Al rebelarse, fue sitiada, y con ello se demostró que Atenas estaba dispuesta a mantener su autoridad incluso contra los vínculos más antiguos.

Ante estos hechos, Esparta convocó a sus aliados. Muchos hablaron con ira, especialmente los corintios, acusando a los lacedemonios de lentitud y a los atenienses de arrogancia. Arquidamo aconsejó cautela una vez más, recordando la fuerza naval y económica de Atenas; pero los éforos y la asamblea decidieron que la paz había sido quebrantada. Enviaron embajadas a Atenas exigiendo que se revocara el decreto de Mégara y se reconociera la autonomía de las ciudades. Pericles persuadió al pueblo ateniense de no ceder, pues sabía que la concesión sería tenida por debilidad.

El último acto no fue decidido en consejo, sino en el campo. En Platea, ciudad democrática aliada de Atenas, los tebanos, gobernados por una oligarquía y amigos de Esparta, intentaron un golpe nocturno. Fueron rechazados y muertos o expulsados. Entonces quedó manifiesto que la guerra ya no podía evitarse. Poco después, los ejércitos del Peloponeso invadieron el Ática.

Así comenzó la guerra más grande que hasta entonces habían conocido los griegos, no por las palabras que se dijeron en las embajadas, sino por la causa más verdadera, aunque menos confesada: el temor que despertaba el crecimiento del poder ateniense y la resolución de no someterse a él.

II Esquematizado.

 A continuación presento una narración histórica en prosa, articulada en cinco grandes eventos significativos que, encadenados tras la Paz de los Treinta Años (446/445 a.C.), condujeron de forma casi inexorable al estallido de la Segunda Guerra del Peloponeso (431 a.C.), siguiendo principalmente a Tucídides (libro I). En cada episodio indico el año, el régimen político de las ciudades implicadas y las reacciones espartanas, incluidos sus reyes y embajadas.

I. El nuevo orden tras la Paz de los Treinta Años (446–444 a.C.)

La Paz de los Treinta Años puso fin a la llamada Primera Guerra del Peloponeso y consagró un equilibrio inestable entre dos sistemas opuestos:

Atenas, potencia marítima, democracia imperial, y Esparta, potencia terrestre, oligarquía militar al frente de la Liga del Peloponeso.

Lejos de replegarse, Atenas, bajo el liderazgo de Pericles, utilizó la paz como cobertura legal para consolidar su imperio. No violaba abiertamente los tratados, pero los tensaba hasta el límite. La paz, en realidad, no fue un período de distensión, sino de acumulación de agravios.

II. Turios y la afirmación del imperialismo ateniense (444/443 a.C.)

En 444/443 a.C., Atenas funda Turios, en el sur de Italia, sobre las ruinas de la antigua Síbaris.

Atenas: democracia.

Turios: colonia panhelénica, organizada con instituciones democráticas, pero bajo fuerte influencia ateniense.

Esparta: oligarquía (diarquía: reyes de las casas Agíada y Euripóntida).

Aunque presentada como colonia “neutral”, Turios fue percibida por Esparta y Corinto como una expansión encubierta del poder ateniense fuera del Egeo, rompiendo el espíritu —si no la letra— del tratado.

Consecuencia política

Esparta no intervino militarmente, pero comenzó a crecer el convencimiento de que Atenas no respetaría límites geopolíticos. La desconfianza se asentó.

III. La política imperial de Pericles: sometimiento de aliados (c. 470–440 a.C., culminación antes de la guerra)

Durante estos años, Atenas refuerza su dominio sobre la Liga de Delos, transformándola de alianza en imperio.

Casos paradigmáticos (anteriores pero decisivos en la memoria política griega):

Naxos (c. 469 a.C.) – sometida por la fuerza.

TasOS (465–463 a.C.) – rebelión aplastada, murallas demolidas.

Samos (440 a.C.) – sometida tras un duro asedio.

Atenas: democracia radical.

Islas: regímenes variables, forzados a aceptar democracias dependientes o gobiernos controlados.

Esparta: oligarquía.

Especialmente Samos (440 a.C.) causó alarma:

Esparta debate intervenir, pero finalmente no actúa, en parte por divisiones internas y por la influencia del rey Arquidamo II, prudente y reacio a la guerra.

Consecuencia política

Esparta comienza a ser acusada por sus aliados de debilidad frente a Atenas. El prestigio espartano se erosiona.

IV. Corcira, Corinto y Epidamno: la ruptura del equilibrio (435–433 a.C.)

El conflicto decisivo se inicia en 435 a.C., en Epidamno, colonia de Corcira, desgarrada por una guerra civil.

Corcira: democracia naval, hostil a Corinto.

Corinto: oligarquía, aliada clave de Esparta.

Epidamno: democracia asediada por oligarcas exiliados.

Corcira se niega a ayudar a su colonia. Epidamno recurre entonces a Corinto, que interviene con entusiasmo. La guerra entre Corinto y Corcira estalla abiertamente.

En 433 a.C., Corcira solicita ayuda a Atenas. Atenas acepta una alianza defensiva (epimachía).

Atenas: democracia.

Esparta: observa con creciente inquietud.

La batalla naval de Síbota (433 a.C.), donde Atenas interviene indirectamente contra Corinto, marca un punto de no retorno.

Consecuencia política

Corinto acusa a Atenas ante Esparta de violar la paz. La hostilidad se vuelve explícita.

V. El Decreto de Mégara y el asedio de Potidea (432 a.C.)

1. El Decreto de Mégara (432 a.C.)

Atenas promulga un decreto que excluye a Mégara del comercio en puertos del imperio ateniense.

Mégara: oligarquía, aliada de Esparta.

Atenas: democracia.

Aunque presentado como sanción legal, fue un acto de guerra económica.

2. El asedio de Potidea (432 a.C.)

Potidea era:

Colonia de Corinto

Miembro tributario del imperio ateniense

Potidea: oligarquía local.

Atenas: democracia.

Atenas exige derribar murallas y entregar rehenes. Potidea se rebela con apoyo encubierto de Corinto y promesas espartanas. Atenas la asedia, cruzando otro umbral.

VI. Esparta decide la guerra: embajadas y reyes (432 a.C.)

Ante las quejas de Corinto, Mégara y Egina, Esparta convoca la asamblea de la Liga del Peloponeso.

Rey Arquidamo II (casa Euripóntida): prudente, advierte sobre el poder ateniense y pide tiempo.

Rey Plistoánax / influencia agíada: postura más belicista (aunque el peso real recae en los éforos).

Finalmente, Esparta declara que Atenas ha roto la paz.

Embajadas a Atenas

Esparta envía embajadas exigiendo:

Revocar el Decreto de Mégara

Liberar a las ciudades sometidas

Respetar la autonomía griega

Pericles persuade a la asamblea ateniense de no ceder. Ceder sería reconocer inferioridad.

VII. Platea: el estallido definitivo (431 a.C.)

En la primavera de 431 a.C., tropas tebanas (oligarquía, aliada de Esparta) atacan Platea.

Platea: democracia, aliada de Atenas.

Tebas: oligarquía.

Esparta: responsabilidad indirecta.

Los tebanos son derrotados y expulsados. Ya no hay vuelta atrás. Esparta invade el Ática poco después.

Conclusión

La Segunda Guerra del Peloponeso no estalla por un solo acto, sino por una cadena de decisiones conscientes, donde:

Atenas defiende su imperio democrático.

Esparta protege el orden oligárquico tradicional.

Las embajadas fracasan porque ninguna potencia acepta retroceder.

Como resume Tucídides:

la causa más verdadera, aunque menos confesada, fue el temor que inspiraba el crecimiento del poder ateniense.

III

Los orígenes de la Segunda Guerra del Peloponeso (446–431 a.C.)

Tras la Paz de los Treinta Años (446/445 a.C.), que puso fin a la Primera Guerra del Peloponeso, el mundo griego quedó dividido entre dos grandes potencias: Atenas, democracia marítima y cabeza de un imperio naval, y Esparta, oligarquía militar y líder de la Liga del Peloponeso. Aunque el tratado prometía estabilidad, en la práctica inauguró un período de tensiones crecientes que culminaron en la Segunda Guerra del Peloponeso (431 a.C.). Tucídides señala que la causa más profunda del conflicto fue el temor espartano ante el crecimiento del poder ateniense, pero este temor se manifestó a través de una serie de hechos concretos.

1. La fundación de Turios (444/443 a.C.)

En 444/443 a.C., Atenas, bajo el liderazgo de Pericles, fundó la colonia de Turios en el sur de Italia. Aunque presentada como una colonia panhelénica, su organización institucional y dirección efectiva estuvieron dominadas por Atenas, que era una democracia.

Este acto fue interpretado por muchos como una expansión indirecta del imperialismo ateniense más allá del Egeo. Esparta, gobernada por un régimen oligárquico con diarquía real, observó el hecho con recelo, pero no intervino, al considerar que no constituía aún una violación formal del tratado. Sin embargo, el equilibrio político comenzó a resquebrajarse.

2. El sometimiento de aliados: Naxos, Tasos y Samos (culminación en 440 a.C.)

Durante las décadas posteriores a las Guerras Médicas, y como política consolidada bajo Pericles, Atenas transformó la Liga de Delos en un verdadero imperio. Ciudades aliadas que intentaron abandonar la liga fueron forzadas a permanecer en ella.

Los casos de Naxos (c. 469 a.C.) y Tasos (465–463 a.C.) mostraron esta tendencia, pero el episodio decisivo fue el de Samos (440 a.C.), isla gobernada por una oligarquía que se rebeló contra Atenas. La ciudad fue sometida tras un duro asedio y obligada a aceptar un régimen favorable a los intereses atenienses.

Esparta, también oligárquica, debatió intervenir, pero el rey Arquidamo II aconsejó prudencia y la intervención fue descartada. Este hecho reforzó la impresión de que Atenas podía actuar sin encontrar oposición inmediata, mientras crecía el malestar entre los aliados espartanos.

3. El conflicto entre Corinto y Corcira por Epidamno (435–433 a.C.)

El detonante directo del deterioro de las relaciones entre las grandes potencias fue el conflicto en torno a Epidamno en 435 a.C.. Esta ciudad, gobernada por una democracia, sufrió una guerra civil y, abandonada por su metrópolis Corcira (también democrática), solicitó ayuda a Corinto, ciudad oligárquica y aliada de Esparta.

La intervención corintia provocó la guerra entre Corinto y Corcira. En 433 a.C., Corcira solicitó apoyo a Atenas, que aceptó una alianza defensiva por razones estratégicas. La intervención ateniense en la batalla naval de Síbota (433 a.C.) contra Corinto fue percibida como una violación efectiva de la paz y radicalizó la hostilidad corintia hacia Atenas.

4. El Decreto de Mégara y el asedio de Potidea (432 a.C.)

En 432 a.C., Atenas promulgó el Decreto de Mégara, excluyendo a esta ciudad del comercio en los puertos del imperio ateniense. Mégara, gobernada por una oligarquía y aliada de Esparta, sufrió así una forma de guerra económica, que sus aliados interpretaron como una agresión directa.

Ese mismo año, Potidea, colonia de Corinto y miembro tributario del imperio ateniense, se rebeló ante las exigencias de Atenas. Gobernada por una oligarquía, fue sitiada por los atenienses, lo que confirmó la disposición de Atenas a emplear la fuerza contra los intereses corintios y peloponesios.

5. La crisis final: embajadas espartanas y el episodio de Platea (432–431 a.C.)

Ante las quejas de Corinto, Mégara y Egina, Esparta convocó a la asamblea de la Liga del Peloponeso. A pesar de la prudencia del rey Arquidamo II, prevaleció la opinión de que Atenas había roto la paz. Se enviaron embajadas a Atenas exigiendo la revocación del Decreto de Mégara y el respeto a la autonomía de las ciudades.

Pericles persuadió a la asamblea ateniense, órgano de una democracia, de no ceder. En la primavera de 431 a.C., tropas de Tebas (ciudad de régimen oligárquico, aliada de Esparta) atacaron Platea, ciudad democrática aliada de Atenas. El fracaso del ataque y la expulsión de los tebanos marcaron el inicio abierto de la guerra.

Conclusión

La Segunda Guerra del Peloponeso fue el resultado de una acumulación progresiva de conflictos tras la Paz de los Treinta Años. Atenas defendió la cohesión de su imperio democrático; Esparta reaccionó para preservar el orden oligárquico tradicional y la autonomía de sus aliados. Las embajadas fracasaron porque ninguna de las dos potencias estaba dispuesta a aceptar una posición subordinada. Así, como afirma Tucídides, la guerra estalló no tanto por los agravios inmediatos, sino por el temor espartano al crecimiento del poder ateniense.

IV GUERRA ENTRE CORCIRA Y CORINTO 

Aquí tienes una exposición clara y completa del origen, causas, desarrollo y consecuencias del conflicto entre Corcira y Corinto, con especial atención a Epidamno, los regímenes políticos y la reacción de Atenas, siguiendo sobre todo a Tucídides (I, 24–55).

1. Contexto general

Corinto: metrópolis doria, gran potencia naval y comercial del Peloponeso, aliada de Esparta.

Corcira (actual Corfú): colonia de Corinto, pero desde muy temprano independiente y hostil a su metrópolis. Poseía una de las flotas más poderosas de Grecia.

El conflicto se desarrolla poco antes de la Guerra del Peloponeso y actúa como uno de sus detonantes directos.

2. Regímenes políticos en cada ciudad

🔹 Corinto

Régimen: oligarquía

Gobierno en manos de una aristocracia mercantil y terrateniente.

Hostil a las democracias radicales y a la expansión ateniense.

Defensora del orden tradicional y del sistema de alianzas espartano.

🔹 Corcira

Régimen: democracia (aunque inestable)

Tensiones internas entre facciones oligárquicas y democráticas.

Tradicionalmente no alineada ni con Atenas ni con Esparta.

Temía la dominación corintia más que cualquier otra cosa.

🔹 Epidamno

Colonia de Corcira, situada en la costa adriática.

En el momento del conflicto: lucha civil entre:

Demócratas (en el poder)

Oligarcas exiliados, que buscan apoyo externo

3. El conflicto por Epidamno

a) Estallido del conflicto interno

Epidamno sufre una stásis (guerra civil).

Los oligarcas exiliados se alían con pueblos ilirios y atacan la ciudad.

Los demócratas, incapaces de defenderse, piden ayuda a Corcira.

b) Rechazo de Corcira

Corcira rechaza intervenir, pese a ser la metrópolis.

Esto lleva a Epidamno a tomar una decisión extrema.

c) Intervención de Corinto

Epidamno pide ayuda a Corinto, rival histórico de Corcira.

Corinto acepta con entusiasmo:

Motivo político: recuperar influencia sobre su antigua colonia Corcira.

Motivo estratégico: expandirse hacia el Adriático.

Corinto instala una oligarquía en Epidamno y envía colonos y tropas.

Esto provoca la ruptura abierta entre Corcira y Corinto.

4. Guerra entre Corcira y Corinto

Se producen enfrentamientos navales (435–433 a.C.).

Corcira vence inicialmente en la batalla naval de Leucimna.

Corinto prepara una gran flota de represalia, lo que alarma a Corcira.

5. La reacción de Atenas

a) Petición de alianza por parte de Corcira

Corcira acude a Atenas y propone una alianza defensiva (epimachía).

Argumentos clave:

Su flota sería un gran refuerzo para Atenas.

Si Corcira cae, Corinto ganará una flota enorme.

Atenas puede debilitar indirectamente al bloque peloponesio.

b) Debate en Atenas

Atenas duda porque:

Corcira nunca había ayudado a nadie.

Podría provocar a Corinto y a Esparta.

Finalmente acepta una alianza limitada, no ofensiva.

c) Batalla de Síbota (433 a.C.)

Atenas envía una pequeña escuadra de observación.

Cuando Corcira está a punto de ser derrotada, los atenienses intervienen.

Resultado:

Corinto se retira furiosa.

Atenas ha roto de facto la paz con Corinto.

6. Consecuencias

Inmediatas

Odio irreconciliable de Corinto hacia Atenas.

Corinto presiona a Esparta para iniciar la guerra.

Se acelera el camino hacia la Guerra del Peloponeso (431 a.C.).

A medio plazo

En Corcira estalla una de las guerras civiles más sangrientas del mundo griego (427 a.C.), descrita por Tucídides como ejemplo de la degradación moral de la guerra.

El conflicto demuestra cómo:

Las luchas internas (democracia vs oligarquía)

Se mezclan con la política internacional

Históricas

El caso Corcira–Corinto es un ejemplo paradigmático de:

Imperialismo

Alianzas por conveniencia

Instrumentalización de las formas de gobierno

Tucídides lo usa como modelo explicativo del colapso del orden griego.

7. Esquema resumen

Ciudad

Régimen

Posición

Corinto

Oligarquía

Pro-espartana

Corcira

Democracia

Neutral → aliada de Atenas

Epidamno

Democracia (inestable)

Intervenida por Corinto

Atenas

Democracia

Intervención estratégica

PARTE V

Adaptación al formato de respuesta de examen del conflicto entre Corcira y Corinto, con estructura clara, cronología precisa, identificación de regímenes políticos y relación con el estallido de la Guerra del Peloponeso, conforme al enfoque de Tucídides (I, 24–55).

El conflicto entre Corcira y Corinto (435–433 a.C.)

El conflicto entre Corcira y Corinto constituyó uno de los episodios decisivos que condujeron al estallido de la Segunda Guerra del Peloponeso, al implicar directamente a Atenas y romper de hecho el equilibrio establecido por la Paz de los Treinta Años (446/445 a.C.).

1. Contexto político y regímenes

Corinto: ciudad de régimen oligárquico, potencia naval y comercial, miembro destacado de la Liga del Peloponeso y aliada de Esparta.

Corcira: colonia de Corinto, gobernada por una democracia, con una de las flotas más poderosas de Grecia y tradicionalmente hostil a su metrópolis.

Epidamno: colonia de Corcira, gobernada por una democracia, afectada por una guerra civil entre demócratas y oligarcas exiliados.

Atenas: democracia, potencia imperial marítima, inicialmente no implicada en el conflicto.

2. El conflicto de Epidamno (435 a.C.)

En 435 a.C., la ciudad de Epidamno se vio envuelta en una stásis (guerra civil). Los oligarcas exiliados, apoyados por pueblos ilirios, atacaron la ciudad. Los demócratas, incapaces de defenderse, solicitaron ayuda a Corcira, su metrópolis, que se negó a intervenir.

Ante esta negativa, Epidamno recurrió a Corinto, que aceptó prestar ayuda, no sólo para proteger a la ciudad, sino también para afirmar su autoridad sobre Corcira, antigua colonia rebelde. Corinto envió colonos y tropas e instauró un régimen favorable a sus intereses, lo que provocó la ruptura definitiva con Corcira.

3. Guerra entre Corcira y Corinto (435–433 a.C.)

La intervención corintia dio lugar a una guerra naval entre ambas ciudades. En 435 a.C., Corcira derrotó a Corinto en la batalla naval de Leucimna, consolidando temporalmente su superioridad marítima.

Sin embargo, Corinto comenzó a preparar una gran flota de represalia, reclutando aliados del Peloponeso y del noroeste griego. La magnitud de estos preparativos alarmó a Corcira, que temió ser derrotada y perder su independencia.

4. La intervención de Atenas y la batalla de Síbota (433 a.C.)

En 433 a.C., Corcira solicitó ayuda a Atenas, proponiendo una alianza defensiva (epimachía). Tras un debate en la asamblea, Atenas aceptó, no por afinidad política, sino por cálculo estratégico, ya que la flota corcirense era la tercera más poderosa de Grecia.

Ese mismo año tuvo lugar la batalla naval de Síbota. Atenas envió inicialmente una pequeña escuadra con órdenes de no combatir salvo en defensa de Corcira. Cuando la derrota corcirense parecía inminente, los atenienses intervinieron, obligando a Corinto a retirarse.

5. Consecuencias políticas y diplomáticas

La intervención ateniense en Síbota fue interpretada por Corinto como una violación de la Paz de los Treinta Años. Corinto presentó una dura acusación contra Atenas ante Esparta, denunciando su imperialismo y exigiendo una respuesta.

Aunque Esparta, gobernada por una oligarquía, no declaró inmediatamente la guerra, el resentimiento corintio y la presión de sus aliados fueron decisivos para que, en los años siguientes, Esparta concluyera que Atenas había quebrantado la paz.

6. Valoración histórica

El conflicto entre Corcira y Corinto fue clave porque:

Introdujo a Atenas en una disputa inicialmente ajena.

Enfrentó indirectamente a los dos grandes bloques del mundo griego.

Mostró cómo los conflictos locales y las diferencias de régimen (democracia frente a oligarquía) se integraban en una lucha de hegemonía.

Como señala Tucídides, este episodio fue una de las causas inmediatas de la guerra, aunque la causa profunda fue el temor espartano ante el crecimiento del poder ateniense.

Esquema final (útil para examen)

435 a.C.: Guerra civil en Epidamno (democracia) → intervención de Corinto (oligarquía).

435 a.C.: Batalla naval de Leucimna → victoria de Corcira (democracia).

433 a.C.: Alianza defensiva Corcira–Atenas (democracia).

433 a.C.: Batalla de Síbota → intervención ateniense.

Consecuencia: Ruptura del equilibrio y aumento de la presión sobre Esparta. 

PARTE VI

Tras la Paz de los Treinta Años, cuando todavía parecía posible una convivencia armada entre Atenas y Esparta, surgió un conflicto que, aunque en apariencia limitado, terminó por arrastrar a las grandes potencias griegas hacia una confrontación abierta. Este fue el enfrentamiento entre Corcira y Corinto, cuyo origen se halla en una combinación de rivalidades coloniales, tensiones políticas internas y cálculos estratégicos que desbordaron rápidamente el marco local.

Corcira, colonia antigua de Corinto, había roto desde hacía tiempo los vínculos de obediencia con su metrópolis. Gobernada por un régimen democrático y dotada de una flota poderosa, se mantenía al margen tanto de la alianza ateniense como de la liga peloponesia, pero conservaba un profundo antagonismo hacia Corinto, ciudad de régimen oligárquico y uno de los principales apoyos de Esparta. Esta enemistad latente se transformó en guerra abierta a partir de los sucesos de Epidamno en el año 435 a.C.

Epidamno, colonia fundada por Corcira en la costa del Adriático, estaba gobernada por una democracia que se vio sacudida por una violenta stásis. Los oligarcas expulsados, apoyados por pueblos ilirios, comenzaron a hostigar la ciudad desde el exterior. Incapaces de resistir, los demócratas solicitaron ayuda a Corcira, su metrópolis, pero ésta se negó a intervenir, ya fuera por indiferencia o por cálculo político. Abandonada por Corcira, Epidamno recurrió entonces a Corinto, apelando a antiguos vínculos coloniales. Corinto aceptó de inmediato, no sólo para auxiliar a la ciudad, sino también para reafirmar su autoridad sobre Corcira, cuya independencia consideraba una afrenta histórica.

La intervención corintia en Epidamno supuso la ruptura definitiva entre ambas ciudades. Corinto envió colonos y tropas y organizó la defensa de la ciudad bajo un régimen favorable a sus intereses. Corcira respondió con las armas, derrotando a Corinto en una primera batalla naval frente a Leucimna ese mismo año. Sin embargo, lejos de poner fin al conflicto, esta victoria provocó una reacción aún más intensa. Corinto comenzó a preparar una gran flota, reuniendo contingentes de sus aliados del Peloponeso y del noroeste griego, con el propósito de vengar la derrota y someter a Corcira.

Ante estos preparativos, Corcira temió verse superada. Consciente de que su flota era su principal defensa y de que una derrota significaría caer bajo la dominación corintia, tomó una decisión sin precedentes: solicitar ayuda a Atenas en el año 433 a.C. Atenas, gobernada por una democracia y dirigida políticamente por Pericles, se encontró ante un dilema. Por un lado, Corcira no era aliada y jamás había prestado ayuda a los atenienses; por otro, su flota era la tercera más poderosa de Grecia, y su eventual caída fortalecería de manera decisiva a Corinto y, con ella, al bloque peloponesio. Tras un debate en la asamblea, Atenas aceptó una alianza defensiva, cuidando de no comprometerse formalmente en una guerra ofensiva contra Corinto.

La prueba de esta alianza tuvo lugar en la batalla naval de Síbota, en 433 a.C. Atenas envió inicialmente una pequeña escuadra con órdenes de intervenir sólo si Corcira corría peligro extremo. Durante el combate, cuando la derrota corcirense parecía inminente, los atenienses entraron en acción. Aunque el resultado fue indeciso, la retirada corintia marcó un hecho fundamental: por primera vez desde la paz, Atenas y Corinto se habían enfrentado directamente. Para los corintios, este episodio significó la confirmación de que Atenas estaba dispuesta a usar su poder para alterar el equilibrio establecido.

Las consecuencias políticas no se hicieron esperar. Corinto, indignada, llevó su queja ante Esparta, acusando a Atenas de violar la Paz de los Treinta Años. Esparta, gobernada por una oligarquía y dirigida por una diarquía real, escuchó las acusaciones con atención, aunque sin precipitarse. El rey Arquidamo II, conocido por su prudencia, era consciente de la magnitud del poder ateniense y aconsejaba cautela. Sin embargo, la presión de los aliados, especialmente de Corinto, fue aumentando, y el conflicto de Corcira pasó a ser un argumento central en la acusación contra Atenas.

Así, lo que había comenzado como una guerra local entre una colonia y su metrópolis se transformó en un episodio decisivo de la política griega. El conflicto entre Corcira y Corinto mostró hasta qué punto las rivalidades coloniales, las diferencias de régimen —democracia frente a oligarquía— y la intervención calculada de Atenas podían desestabilizar el frágil orden de la paz. En términos más amplios, confirmó lo que Tucídides consideró la causa más profunda de la guerra: el temor creciente de Esparta y sus aliados ante el poder en expansión de Atenas.


Parte VII  Asedio de Potidea

Las dos grandes etapas históricas de Potidea: primero en las Guerras Médicas, y después en el origen de la Segunda Guerra del Peloponeso, indicando causas, desarrollo y consecuencias, así como el papel de Pericles.

Potidea, ciudad situada en el istmo de la península de Palene, en la Calcídica, ocupaba una posición estratégica excepcional, pues dominaba el acceso entre Macedonia, Tracia y el mar Egeo. Aunque era una colonia fundada por Corinto y mantenía vínculos religiosos y políticos con su metrópolis, Potidea había quedado integrada, tras las Guerras Médicas, en la esfera de influencia de Atenas, a la que pagaba tributo dentro de la Liga de Delos. Su régimen era oligárquico, como el de muchas ciudades del norte del Egeo.

La primera gran aparición de Potidea en la historia se produjo durante la segunda invasión persa, en el año 479 a.C.. Tras la derrota persa en Platea, el general persa Artabazo se retiró hacia el norte con los restos de su ejército y trató de someter Potidea, que se había unido a la resistencia griega. Los persas iniciaron un asedio, confiando en la superioridad de su número. Sin embargo, según relata Heródoto, se produjo entonces un extraordinario maremoto, un fenómeno natural insólito que dejó al descubierto el fondo marino. Los persas, creyendo que el mar se retiraba de forma permanente, avanzaron a pie para atacar la ciudad por ese flanco, pero el agua regresó súbitamente con gran violencia y ahogó a una parte considerable del ejército persa. Los griegos interpretaron este suceso como una intervención divina, atribuida especialmente a Poseidón, protector de la ciudad. Como consecuencia, el asedio fracasó y Potidea se salvó de la destrucción, reforzando su prestigio y su identidad como ciudad resistente al dominio extranjero.

Tras las Guerras Médicas, Potidea quedó incorporada a la Liga de Delos, dominada por Atenas, aunque conservó sus lazos con Corinto. Durante décadas, esta doble dependencia no provocó un conflicto abierto, pero a medida que el imperio ateniense se volvió más exigente y coercitivo, la posición de Potidea se tornó insostenible. Para Atenas, la ciudad era estratégica como punto de control del norte del Egeo; para Corinto, era una colonia cuya fidelidad no podía perderse sin menoscabo de su prestigio.

En 432 a.C., en un clima de creciente tensión entre Atenas y el bloque peloponesio, Pericles impulsó una política preventiva destinada a asegurar las posiciones atenienses más vulnerables. Atenas exigió a Potidea que derribara sus murallas orientadas hacia el mar, que entregara rehenes y que expulsara a los magistrados corintios que aún residían en la ciudad. Estas exigencias, aunque presentadas como medidas de seguridad, suponían en la práctica la pérdida de la autonomía política de Potidea. La ciudad, gobernada por una oligarquía y alentada por Corinto, que prometió ayuda, así como por Esparta, que aseguró —aunque de manera ambigua— que invadiría el Ática si Atenas atacaba, decidió rebelarse.

La rebelión de Potidea fue uno de los actos que, junto con el Decreto de Mégara y el conflicto de Corcira, convencieron a muchos griegos de que la paz ya no podía mantenerse. Atenas reaccionó con rapidez y envió tropas para asediar la ciudad en el mismo año 432 a.C. El asedio fue largo y costoso, pues Potidea contaba con fuertes defensas y con la esperanza de un auxilio exterior que, en realidad, nunca llegó de forma decisiva. Corinto no pudo romper el cerco, y Esparta, fiel a su cautela inicial, no intervino directamente en ese momento.

Tras casi dos años de resistencia, ya iniciada formalmente la Segunda Guerra del Peloponeso, Potidea se rindió en 430 a.C., agotada por el hambre. Atenas permitió a los defensores abandonar la ciudad con lo puesto, pero confiscó el territorio y expulsó a gran parte de la población original. En su lugar, instaló colonos atenienses (clerucos), asegurando así un control directo sobre una posición clave del norte del Egeo.

El papel de Pericles fue central en todo este proceso. Su política no buscaba provocar la guerra de manera abierta, pero sí garantizar la seguridad del imperio ateniense frente a la presión de Corinto y Esparta. El asedio de Potidea mostró la lógica estratégica de su liderazgo: no ceder ante amenazas, incluso a costa de agravar el conflicto. Sin embargo, también contribuyó a reforzar la percepción, entre los aliados de Esparta, de que Atenas actuaba con dureza imperialista.

Así, Potidea pasó de ser una ciudad celebrada por su resistencia heroica frente a los persas a convertirse en un símbolo de la rigidez del imperio ateniense. Su sometimiento consolidó el control ateniense sobre la Calcídica, pero al mismo tiempo alimentó el resentimiento que desembocó en una guerra generalizada. En ambos momentos de su historia, Potidea mostró cómo una ciudad situada en un punto estratégico podía verse arrastrada a los grandes conflictos del mundo griego, pagando un alto precio por su posición y por las rivalidades de las potencias que la rodeaban.

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