Filopemén, El Último Griego.
"EL ULTIMO GRIEGO" FILOPEMÉN DE MEGALOPOLIS: Plutarco dedica una de sus biografías a un personaje de Megalopolis, ciudad natal de otro historiador, Polibio, cercano a los Escipiones. Lo llama como "el último griego", quizás porque fuera él quien venció por última y definitivamente a Esparta, siendo también griego, concluyendo por fin aquellos siglos de luchas entre poleis.
CONTEXTO HISTÓRICO: El último cuarto del siglo III a.e.c. veía al Mediterráneo central lleno de guerras. En Italia, la Segunda Guerra Púnica entre Cartago y Roma estaba estancada. Roma no lograba vencer a Aníbal, y este no recibía los refuerzos necesarios de Cartago ni desde Hispania de sus hermanos..servía un aliado vecino fuerte que no le conveniese la expansión romana.
En el mar Adriatico y el Egeo, la piratería de los Ilirios hizo que se pidiera ayuda a Roma, este intervino y venció a la reina de los piratas, Teuta, Iliria términó como protectorado romano, por ahora. Luego los romanos sometieron a Demetrio de Faros por reiniciar la piratería, en conjunto, es la que se conoce como Primera Guerra Ilirica.
Filipo V era el nuevo rey de Macedonia, y fue el aliado que consiguió Anibal, aunque a la larga esa alianza no le reportó beneficios a ninguno de los dos, pero trajo las legiones romanas a Grecia.
En el Peloponeso en cambio, la ciudad de Megalópolis, fue creada por Epaminondas tras la batalla de Leuctra para contener a Esparta. Asi surge la figura de Filopemén como jefe de la Liga aquea: Hacia 198 a.e.c., la Liga Aquea, bajo la influencia de las facciones favorables a Roma y la necesidad de contrarrestar a Macedonia, se alió con Roma contra Filipo V. Pero a pesar de la alianza, Filopemen no era un "filorromano". Su objetivo principal era la soberanía de la Liga Aquea. De hecho, a menudo chocó con los representantes romanos, como Flaminino, al intentar incorporar a Esparta a la Liga Aquea en contra de los deseos de Roma.
GEOSTRATEGIA EN GRECIA FINES DEL II a.e.c.
Filopemén vivió en una Grecia que ya no era el centro del poder del mundo mediterráneo, sino un territorio fragmentado, lleno de viejas ciudades orgullosas y nuevas potencias que competían por dominarlas. Tras la muerte de Alejandro Magno, el mundo griego quedó bajo la sombra del Reino de Macedonia, que durante generaciones había intervenido en los asuntos de las polis, imponiendo reyes, guarniciones y alianzas. Macedonia seguía siendo una potencia militar formidable, pero su autoridad en Grecia era cada vez más discutida por las ligas federales que buscaban preservar una autonomía colectiva frente a los grandes reinos helenísticos.
En ese escenario surgieron con fuerza dos confederaciones: la Liga Etolia y la Liga Aquea. La Liga Etolia dominaba amplias zonas del centro de Grecia y era conocida por su carácter agresivo, flexible y a menudo oportunista: se aliaba o enfrentaba a Macedonia según le conviniera, y practicaba una política de expansión rápida, casi depredadora. La Liga Aquea, en cambio, se consolidó en el Peloponeso como un proyecto más institucional: una federación de ciudades que buscaban coordinarse políticamente y defenderse juntas frente a tiranos locales, a Esparta y a la presión macedónica. Filopemén se convirtió en el principal general de esta liga y en su figura militar más respetada.
Esparta ya no era la potencia hegemónica de la época clásica, pero seguía siendo un factor de inestabilidad. Bajo líderes ambiciosos como Cleómenes III y más tarde Nabis, la ciudad intentó reformarse y recuperar influencia en el Peloponeso, chocando directamente con la Liga Aquea. Estos conflictos no eran solo guerras entre ciudades, sino luchas por el modelo político del sur de Grecia: tiranías militares frente a federaciones de polis que pretendían mantener una cierta idea de libertad colectiva. Filopemén encarnó esta resistencia aquea frente a la amenaza espartana, y sus victorias marcaron el declive definitivo de Esparta como actor independiente de primer orden.
Megalópolis, la ciudad natal de Filopemén, simboliza bien este mundo en transformación. Fundada como una “gran ciudad” federal para frenar el poder espartano en Arcadia, Megalópolis representaba el nuevo tipo de política griega: ciudades creadas y defendidas no solo por su tradición, sino por alianzas estratégicas. Para Filopemén, defender Megalópolis y el Peloponeso era defender la supervivencia de este proyecto federal frente a los viejos poderes locales y frente a la injerencia de los grandes reinos.
Mientras los griegos se debatían entre Macedonia, etolios, aqueos y espartanos, una nueva fuerza avanzaba desde el oeste: Roma. Al principio, Roma parecía un actor lejano, más preocupada por Italia y por Cartago. Sin embargo, tras las guerras macedónicas, los romanos comenzaron a intervenir directamente en Grecia, presentándose como “libertadores” de las ciudades frente al dominio de Macedonia. En la práctica, esto significó el inicio de una tutela cada vez más fuerte sobre el mundo griego. Filopemén vivió el comienzo de esta transición: un tiempo en el que todavía era posible pensar que los griegos podían decidir su propio destino mediante ligas y ejércitos reformados, pero en el que ya se percibía que el equilibrio de poder se estaba desplazando hacia Roma.
La vida de Filopemén transcurre en un momento de tensión entre el pasado y el futuro. Por un lado, los reinos helenísticos como Macedonia y las viejas polis como Esparta aún luchaban por mantener su lugar en Grecia. Por otro, las ligas federales intentaban crear una nueva forma de unidad griega, más amplia y cooperativa. Y, en el horizonte, Roma avanzaba como una potencia externa que acabaría por imponerse sobre todos. Filopemén representa el último gran esfuerzo por sostener una Grecia políticamente activa y militarmente capaz antes de que el Mediterráneo oriental quedara definitivamente bajo la órbita romana.
QUIEN FUE FILOPEMÉN?
Filopemén nació hacia el 253 a. C. en Megalópolis, en Arcadia, dentro de una familia acomodada pero no poderosa. Desde joven se formó en el ideal del ciudadano-soldado: aprendió a soportar la dureza de la vida militar, a combatir cuerpo a cuerpo y a mandar con el ejemplo. No fue un hombre de lujos; prefería la vida austera, la disciplina y el ejercicio constante. Pronto destacó entre los jefes de la Liga Aquea por su valor personal y su capacidad para reformar ejércitos que estaban mal entrenados y desmotivados.
Su primer gran momento llegó cuando la Liga Aquea se enfrentó a Esparta, que en ese tiempo buscaba recuperar su antigua hegemonía en el Peloponeso. En una batalla decisiva cerca de Mantinea, Filopemén derrotó al rey espartano Cleómenes III. En ese combate, la caballería aquea estaba en problemas y el ala izquierda casi se derrumba, pero Filopemén cargó personalmente contra los espartanos, reorganizó a sus hombres en pleno combate y logró cambiar el curso de la batalla. La derrota de Cleómenes debilitó gravemente a Esparta y mostró que el viejo prestigio militar espartano ya no bastaba frente a ejércitos bien dirigidos y adaptados a los nuevos tiempos.
Años después, volvió a enfrentarse a Esparta cuando el tirano Nabis tomó el poder e intentó expandirse por el Peloponeso. Filopemén condujo varias campañas contra él y consiguió derrotar a las fuerzas espartanas en el campo de batalla, reduciendo su influencia y obligando a Esparta a aceptar la autoridad de la Liga Aquea. Estas victorias no solo tuvieron valor militar, sino también simbólico: por primera vez en siglos, Esparta era dominada de manera clara por otra potencia griega del Peloponeso.
Además de vencer a los espartanos, Filopemén transformó profundamente el ejército aqueo. Hasta entonces, muchas ciudades griegas usaban milicias poco entrenadas, con armamento ligero y tácticas anticuadas. Él impulsó una reforma inspirada en la falange macedónica, introduciendo lanzas largas similares a la sarisa, escudos más grandes y una formación más cerrada y disciplinada. Hizo que los soldados entrenaran de forma regular, no solo en desfiles, sino en maniobras reales de combate, marchas largas y simulacros de batalla. También insistió en que los oficiales conocieran el terreno y supieran adaptar la formación de la falange a colinas, valles y pasos estrechos, algo que los ejércitos griegos tradicionales hacían mal.
Filopemén entendía que la falange no debía ser un bloque rígido que avanzara sin pensar. Promovió una falange más flexible, capaz de abrir huecos para la caballería, de proteger sus flancos con tropas ligeras y de cambiar de frente con mayor rapidez. Gracias a estas reformas, la Liga Aquea pasó de ser una confederación débil a una potencia militar respetada en Grecia. Muchos contemporáneos lo llamaron “el último de los griegos”, no porque fuera el último general importante, sino porque encarnaba el viejo ideal del ciudadano que defiende la libertad de su polis con armas, disciplina y sacrificio personal.
Sólo después, las legiones manipulares de la República Romana demostrarían mayor flexibilidad táctica y vencerían a las falanges macedónicas helenísticas.
En sus últimos años siguió participando en campañas, ya como un veterano respetado. Murió en el 183 a. C. tras ser capturado por enemigos de la Liga Aquea en Mesenia. Aun en la derrota mantuvo la dignidad que había marcado toda su vida. Su figura quedó como símbolo de resistencia frente al declive político de las ciudades griegas, y como ejemplo de cómo la adaptación militar podía devolver fuerza a ejércitos que parecían condenados a la irrelevancia.

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