Escipiones y Emilios
LAS RELACIONES ENTRE FAMILIAS PATRICIAS QUE LE TRAJERON PODER A LA REPÚBLICA ROMANA (Los Escipiones y Emilios). LOS HÉROES EN ZAMA, CINOSCEFALOS, PIDNA, MAGNESIA Y SOBRE CARTAGO Y NUMANCIA.
La gran expansión de Roma en el Mediterráneo estuvo marcada por una generación excepcional de aristócratas que no solo fueron grandes generales, sino que también encarnaron una idea elevada del deber, la lealtad y la responsabilidad pública. Entre ellos destaca la familia de los Escipiones y su estrecha relación con los Emilios Paulos.
CONTEXTO HISTÓRICO: Luego de que Roma sobrevive al peligro de Aníbal Barca en Italia, los Escipiones, admiradores de la cultura helenizante oriental, logran un poder temporal en el Senado romano, teniendo como opositor al conservador Marco Porcio Catón, el mas tradicionalista defensor de los humildes orígenes campesinos romanos.
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| Publio Cornelio Escipión Africano (Antes identificado como Sila) |
Publio Cornelio Escipión, conocido como Escipión el Africano, fue el gran vencedor de la Segunda Guerra Púnica. Su victoria sobre Aníbal en la batalla de Batalla de Zama en el año 202 a.C. puso fin al poder de Cartago como amenaza militar inmediata para Roma. Escipión no solo derrotó a uno de los mayores estrategas de la Antigüedad, sino que cambió el equilibrio político del Mediterráneo occidental. Su genio militar se combinó con una visión amplia: supo llevar la guerra a África y obligar a Aníbal a abandonar Italia, mostrando audacia y cálculo estratégico.
Su hermano, Lucio Cornelio Escipión Asiático, continuó esa línea de expansión romana. En el año 190 a.C. derrotó al rey seléucida Antíoco III el Grande (asesorado de Anibal Barca) en la batalla de Batalla de Magnesia. Aquella victoria consolidó la presencia romana en Asia Menor y confirmó que Roma ya no era solo una potencia italiana o occidental, sino una fuerza decisiva en el mundo helenístico.
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| Triunfo de Lucio Emilio Paulo en la batalla de Pidna contra el rey Perseo de Macedonia. |
Los Emilio Paulo (padre e hijo) fueron otros dos importantes personajes, el padre murió en la batalla de Cannae contra Anibal Barca, (en la cual el otro cónsul, Varrón, huyó con su caballería). Su hijo, cuñado del Africano, triunfo en la batalla de Pidna.
Otro personaje importante en la expansión romana, fuera de estas dos familias, fue Flaminino, vencedor sobre el rey de Macedonia Filipo IV en la batalla de Cinoscéfalos.
LA UNIÓN ENTRE AMBAS FAMILIAS:
Vinculado estrechamente a esta familia estuvo Lucio Emilio Paulo Macedónico, cuñado del Africano. Su relación con los Escipiones se fortaleció aun mas cuando su hijo fue adoptado por la familia Cornelia. Emilio Paulo derrotó al rey macedonio Perseo (hijo de Filipo IV) en la batalla de Batalla de Pidna, poniendo fin a la monarquía macedónica y confirmando el dominio romano en Grecia. Antes de él, Tito Quincio Flaminino había vencido a Filipo V de Macedonia en la batalla de Batalla de Cinoscéfalos. Flaminino proclamó la “libertad de los griegos” en los Juegos Ístmicos, presentándose como protector de las poleis frente a los reinos helenísticos. Aunque Roma terminaría imponiendo su autoridad, en ese momento encarnó la idea de una hegemonía que respetaba formalmente la autonomía griega.
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| El Joven Helenístico, estatua atribuida tantos Flaminino o a Escipión Emiliano. Museo Nacional Romano. |
El hijo adoptivo de Emilio Paulo fue Publio Cornelio Escipión Emiliano, conocido como Escipión Emiliano. Nacido como Publio Cornelio Escipión Emiliano, era en realidad hijo biológico de Emilio Paulo, pero fue adoptado por la rama de los Escipiones, uniendo así ambas familias. Emiliano heredó el talento militar y el sentido del deber de sus mayores. En el año 146 a.C. dirigió la destrucción definitiva de Cartago al final de la Tercera Guerra Púnica (bajonla famosa instigacion de Catón), borrando a la antigua rival de Roma del mapa. Más tarde, en Hispania, tomó Numancia tras un largo asedio, en donde otros fracasaron, demostrando disciplina, firmeza y capacidad organizativa.
Estas victorias (Zama, Cinoscéfalos, Magnesia, Pidna, la caída de Cartago y Numancia) no solo ampliaron el dominio romano, sino que consolidaron una imagen de aristocracia responsable. Estos hombres representaban una concepción moral del poder: disciplina personal, respeto por las instituciones, sentido del honor y subordinación del interés privado al bien de la República. Incluso cuando fueron criticados o perseguidos políticamente por la facción de Marco Porcio Catón, como ocurrió con los Escipiones al final de sus vidas, mantuvieron una idea elevada de la dignidad romana.
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| El Púgil en reposo, encontrada en el Quirinal, junto al Joven Helenístico, Museo Nacional Romano. |
Sin embargo, tras su generación comenzó a percibirse un deterioro moral en parte de la aristocracia. La acumulación de riqueza, la corrupción en las provincias y las luchas internas por el poder debilitaron la cohesión republicana. Frente a esa deriva surgieron nuevas figuras que apelaban al pueblo.
LEGADO A LA CAUSA DE LOS POPULARES:
Los llamados hermanos Graco, Tiberio Sempronio Graco y Cayo Sempronio Graco, eran nietos de Escipión el Africano por vía materna. Su madre, Cornelia, hija de Escipión, les transmitió la memoria y el prestigio de esa estirpe. Los Graco defendieron reformas agrarias y políticas destinadas a aliviar la crisis social que afectaba a pequeños propietarios y ciudadanos empobrecidos. Su causa popular no era una ruptura total con la tradición aristocrática, sino una reinterpretación del deber hacia el pueblo romano, heredera del sentido moral de sus antepasados.
Esa línea política popular encontraría continuidad más tarde en Julio César, quien también apeló al pueblo frente al Senado tradicional. Así, desde los Escipiones y los Emilios Paulos hasta los Graco y César, se puede trazar una evolución en la que el ideal aristocrático inicial —basado en el honor y el servicio— fue transformándose en medio de las tensiones sociales y políticas que finalmente conducirían al fin de la República.
Estas familias no solo fueron decisivas por sus victorias militares, sino porque encarnaron una etapa en la que Roma aún podía imaginarse a sí misma como una república guiada por hombres que combinaban poder, cultura y responsabilidad moral.


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