Imperalismo Oriente Medio
FIN DE UN IMPERIO MODERNO E INICIOS DE IMPERIALISMOS CONTEMPORÁNEOS Del siglo XX.
ACUERDOS SYKES-PICOT (1916).
Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano se alió a las Potencias Centrales de Alemania y Austria. Pero los aliados Franceses e Ingleses, con poderosas flotas comerciales y militares, ya tenían en la zona del Oriente Medio su mira puesta. Irán nunca fue parte del Imperio Otomano, estaba rodeada de la Rusia zarista al norte, que buscaba salida hacia el sur, pero la Revolución Rusa la dejó fuera de juego.
La firma de los acuerdos Sykes Picot sirvieron para definir áreas de influencia entre franceses y británicos. Estos últimos ofrecieron inicialmente una estado nacional hebreo en Palestina, en contra de la voluntad de los vecinos árabes.
La derrota otomana dio lugar a una ocupación aliada parcial y al intento de imponer el Tratado de Sèvres, pero la Guerra de Independencia turca, dirigida por Mustafa Kemal, logró revertir ese proyecto. El Tratado de Lausana de 1923 reconoció la soberanía de la nueva República de Turquía, que quedó fuera del reparto colonial directo.
En 1920, tras la desintegración del Imperio Otomano y la ocupación aliada de Anatolia, se dividió el territorio dejando a Siria y el Líbano bajo soberanía francesa y la Palestina, Cisjordania y el actual Irak bajo administración británica. En aquella época los británicos no promovian al Estado de Israel, pero si permitieron le emigración de hebreos sionistas hacia Palestina.
Los territorios que aparecen claramente delimitados en los mapas (Siria, Líbano, Palestina y Mesopotamia) corresponden precisamente a esas antiguas provincias árabes otomanas consideradas “disponibles” para el reparto. Francia consolidó su control sobre Siria y el Líbano, mientras que el Reino Unido lo hizo sobre Palestina y Mesopotamia, posteriormente Irak. La Sociedad de Naciones otorgó a este dominio una apariencia de legalidad internacional mediante la figura del mandato, que formalmente debía preparar a los territorios para la independencia, pero que en la práctica funcionó como una forma de colonialismo indirecto..
Irán, denominado todavía Persia en esa época, constituye otro caso que ayuda a comprender los límites del sistema Sykes–Picot. Persia no formaba parte del Imperio otomano y, por ello, no fue incluida en el reparto de mandatos. Sin embargo, su exclusión no implicaba una plena autonomía. Desde finales del siglo XIX, el país se encontraba sometido a una intensa presión británica y rusa, especialmente en lo relativo a concesiones económicas y control de recursos estratégicos como el petróleo. Tras la Revolución Rusa de 1917, la influencia británica se intensificó, convirtiendo a Persia en un Estado formalmente independiente pero políticamente condicionado, una situación distinta en forma, aunque no del todo en fondo, a la de los territorios bajo mandato.
La diferencia entre Turquía, los territorios árabes bajo mandato e Irán ilustra tres trayectorias distintas frente al colapso del orden imperial: resistencia nacional exitosa, subordinación colonial institucionalizada y dependencia informal. Este marco explica por qué el sistema de mandatos no puede entenderse como una simple transición hacia los Estados modernos, sino como un episodio central en la génesis de los conflictos políticos estructurales del Oriente Medio contemporáneo.

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