GEOPOLÍTICA USA SIGLO XX

 LA POLITICA DE NO INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX:

CONTEXTO: LA UNIÓN DE ESTADOS NORTEAMERICANOS nació como un nuevo intento en el mundo por formar repúblicas siguiendo la nueva filosofía de la ilustración humanista liberal e individual. En contraste, en Europa continuaban a fines del XVIII las monarquías absolutistas con su ancestrales idea del origen divino de los dioses. Por tal motivo, los Estados Unidos en sus inicios optaron por mantenerse en una situación defensiva y de autoprotección con esa Europa imperialista. 


Desde el siglo XIX, la política exterior de Estados Unidos ha estado atravesada por una tensión estructural entre su tradición aislacionista originaria y una progresiva expansión de su proyección internacional. En sus primeras décadas como Estado independiente, la joven república orientó su acción exterior fundamentalmente a la consolidación territorial y a la protección del hemisferio occidental frente a las potencias europeas. La Doctrina Monroe, formulada en 1823, expresó esta lógica defensiva al rechazar cualquier intento de recolonización europea en América. Sin embargo, con el paso del tiempo, dicho principio evolucionó desde una postura de autoprotección hacia una doctrina de hegemonía regional, utilizada para legitimar intervenciones políticas, económicas y militares en América Latina.


La PRIMERA Y SEGUNDA GUERRAS MUNDIALES.


Durante gran parte del siglo XIX, Estados Unidos evitó compromisos militares en Europa, coherente con su tradición republicana y su desconfianza hacia las alianzas permanentes. Este aislacionismo comenzó a erosionarse a comienzos del siglo XX, culminando con la entrada en la Primera Guerra Mundial en 1917 bajo la presidencia de Woodrow Wilson. La intervención respondió tanto a intereses estratégicos y económicos como a una concepción idealista del orden internacional. Wilson articuló una visión basada en la autodeterminación de los pueblos y la seguridad colectiva, que cristalizó en la propuesta de la Sociedad de Naciones. No obstante, el rechazo del Senado estadounidense a integrarse en dicha organización evidenció la persistencia de resistencias internas al internacionalismo liberal.


La Segunda Guerra Mundial marcó la ruptura definitiva con el aislacionismo. Bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, Estados Unidos asumió un liderazgo global sustentado en el pragmatismo estratégico. La Ley de Préstamo y Arriendo permitió el apoyo material a los Aliados, incluyendo a la Unión Soviética, lo que puso de manifiesto que la lógica del equilibrio de poder prevalecía sobre la afinidad ideológica. Tras la victoria aliada, Estados Unidos emergió como potencia hegemónica y principal arquitecto del nuevo orden internacional, promoviendo la creación de la Organización de las Naciones Unidas y de las instituciones financieras internacionales que estructuraron el sistema de posguerra.

LOS PRESIDENTES WILSON Y ROOSEVELT EVITARON EN LO POSIBLE LA ENTRADA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN LAS GUERRAS MUNDIALES.

POSTGUERRA INMEDIATA: COMIENZO DEL ASCENSO DE USA EN LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL. 

POLITICA EXTERIOR DE LOS PRESIDENTES TRUMAN Y EISENHOWER. 

CONTEXTO GLOBAL: La victoria aliada contra la Alemanai nazi estuvo liderada en el Pacífico y Europa occidental por los Estados Unidos de norteamerica. Desde antes de que esta gran nación (producto de la unión federal de varios estados, con gobierno presidencialista, constitucional central) entrase en Guerra en diciembre del 41 (declarando la guerra al Japón) se había ya aprobado la Ley de Préstamo y Arriendo, para beneficiar a aliados contra el nazi fascismo como Inglaterra, aunque tambien a rivales en lo ideológico, como la Unión Soviética. 


Luego de 1945 se evidenciarion las rivalidades ideológicas, todo comenzó con el asedio, evacuación y construcción del Muro de Berlín. Se fundó primero la OTAN y después el.Pacto de Varsovia, este mas una imposición que una decisión de esos pueblos, como lo demostró la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968.

Ya se sentia la decadencia de las potencias Europeas aliadas como Francia e Inglaterra en el conflicto de Suez, combinado con el controversial Estado Israel en 1948. El Medio Oriente se convirtió en em principal polvorín mundial

Pero fue Corea el primer escenario de la guerra ideológica que caracterizó a la Guerra Fria. Desde que se "congelo" ese conflicto, el mundo vive con la amenaza de una tensa disuasión nuclear, que hasta ahora sigue latente pero evitando una Tercera Guerra Mundial.


LOS HECHOS: Tras la Segunda Guerra Mundial, la política internacional quedó definida por un profundo reordenamiento del sistema global y por la rápida cristalización de un conflicto estructural entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En este contexto, las presidencias de Harry S. Truman y Dwight D. Eisenhower resultaron decisivas para la configuración del orden bipolar de la posguerra, estableciendo las bases estratégicas, ideológicas y militares de la Guerra Fría. Ambos presidentes compartieron el objetivo central de contener la expansión soviética, aunque lo hicieron mediante enfoques distintos, combinando diplomacia, alianzas militares, presión económica y uso limitado de la fuerza.


La presidencia de Truman se desarrolló en un momento de transición histórica excepcional. Estados Unidos emergía de la guerra como la principal potencia económica y militar del mundo, mientras Europa se encontraba devastada y la Unión Soviética consolidaba su control sobre Europa oriental. Ante este escenario, Truman impulsó una política exterior basada en la llamada doctrina de la contención. La Doctrina Truman, formulada en 1947, estableció que Estados Unidos debía apoyar política, económica y militarmente a los países amenazados por el comunismo. Esta doctrina no solo justificó la intervención estadounidense en Grecia y Turquía, sino que sentó las bases ideológicas de la Guerra Fría al definir el conflicto como una lucha global entre libertad y totalitarismo.


En paralelo, el Plan Marshall constituyó una herramienta fundamental de la estrategia estadounidense. Más allá de su dimensión económica, la reconstrucción de Europa occidental tenía un claro objetivo geopolítico: estabilizar políticamente el continente, evitar el avance de los partidos comunistas y consolidar un bloque occidental alineado con Washington. La negativa soviética a participar en el plan y la imposición de regímenes comunistas en Europa del Este profundizaron la división del continente, anticipando la formación de dos sistemas antagónicos.


Esta división se formalizó en el plano militar con la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1949. La OTAN representó una ruptura histórica con la tradición estadounidense de rechazo a las alianzas permanentes y supuso el compromiso explícito de Estados Unidos con la defensa de Europa occidental. En respuesta, aunque de manera más tardía, la Unión Soviética impulsó el Pacto de Varsovia en 1955, institucionalizando el bloque socialista bajo su liderazgo y consolidando la militarización del enfrentamiento bipolar.


La cuestión alemana se convirtió en uno de los principales focos de tensión. La división de Alemania y de Berlín simbolizaba la fractura de Europa. Aunque el Muro de Berlín no sería construido hasta 1961, durante la presidencia de Eisenhower, sus raíces se hallan en la política de ocupación y en el bloqueo de Berlín de 1948-1949, ocurrido bajo Truman. La respuesta estadounidense al bloqueo, mediante el puente aéreo, reforzó la determinación de Washington de defender su presencia en Berlín occidental y confirmó el valor simbólico de la ciudad como frontera ideológica de la Guerra Fría.


La guerra de Corea constituyó el primer gran conflicto armado del mundo bipolar. Iniciada en 1950, durante la presidencia de Truman, la invasión de Corea del Sur por el Norte comunista fue interpretada como una prueba de la expansión soviética a escala global. La intervención estadounidense, bajo mandato de las Naciones Unidas, reflejó la aplicación práctica de la doctrina de la contención. Corea demostró que la Guerra Fría no se limitaría a Europa y que los conflictos regionales podían adquirir una dimensión global. Aunque la guerra concluyó sin una victoria clara, consolidó la división de la península y reforzó la presencia militar permanente de Estados Unidos en Asia oriental.

Presidentes Truman y Eisenhower 

Con la llegada de Dwight D. Eisenhower a la presidencia, la política exterior estadounidense mantuvo la contención como principio rector, pero introdujo ajustes estratégicos. Eisenhower buscó evitar guerras convencionales prolongadas, apostando por la disuasión nuclear como instrumento central de seguridad. La estrategia del “equilibrio del terror” se basó en la idea de que la posesión de armas nucleares por ambas superpotencias impediría un conflicto directo. Esta lógica redujo el riesgo de guerra abierta entre Estados Unidos y la URSS, pero incrementó la tensión psicológica y la militarización global.

Durante la presidencia de Eisenhower, la crisis del Canal de Suez en 1956 reveló una dimensión clave del nuevo equilibrio geoestratégico. Cuando Francia, Reino Unido e Israel intervinieron militarmente tras la nacionalización del canal por parte de Egipto, Estados Unidos se opuso a la operación. Esta postura evidenció el declive del poder colonial europeo y la voluntad estadounidense de ejercer un liderazgo independiente, incluso frente a sus aliados tradicionales. Al mismo tiempo, Washington buscó evitar que la crisis empujara a los países árabes hacia la órbita soviética, reafirmando la centralidad del Medio Oriente en la competencia bipolar.


La creación del Estado de Israel en 1948, reconocida rápidamente por Estados Unidos durante la presidencia de Truman, introdujo un nuevo elemento de inestabilidad en el sistema internacional. Aunque el apoyo estadounidense a Israel fue inicialmente cauteloso, el conflicto árabe-israelí se convirtió progresivamente en un escenario clave de la rivalidad entre las grandes potencias. Estados Unidos tendió a respaldar a Israel, mientras la Unión Soviética buscó ampliar su influencia en el mundo árabe, configurando un Medio Oriente atravesado por conflictos locales y rivalidades globales.


En Asia oriental, la política estadounidense estuvo marcada por dos procesos diferenciados. En China, la victoria comunista de Mao Zedong en 1949 supuso un duro golpe para Washington, que perdió a un aliado estratégico y vio surgir una nueva potencia comunista. La respuesta estadounidense fue el aislamiento diplomático de la República Popular China y el apoyo a Taiwán. En contraste, Japón se transformó en un pilar fundamental del sistema estadounidense en Asia. Bajo la ocupación liderada por Estados Unidos, Japón fue reconstruido como una democracia liberal y una potencia económica, integrada en el bloque occidental y convertida en un aliado estratégico frente al comunismo asiático.


En términos de balance geoestratégico, el período Truman-Eisenhower consolidó un sistema internacional bipolar caracterizado por una relativa estabilidad estructural y una permanente tensión. Estados Unidos emergió como líder del bloque occidental, apoyándose en Europa occidental reconstruida y en una red de alianzas globales. Europa, aunque económicamente recuperada gracias al Plan Marshall, perdió autonomía estratégica y quedó subordinada a la protección militar estadounidense. La Unión Soviética, por su parte, aseguró su dominio sobre Europa oriental y proyectó su influencia en Asia y el Medio Oriente, aunque con una economía menos dinámica y una dependencia creciente del poder militar.


La política internacional de Truman y Eisenhower no solo definió la inmediata posguerra, sino que estableció los marcos fundamentales de la Guerra Fría: la división del mundo en bloques, la centralidad de la disuasión nuclear, la internacionalización de los conflictos regionales y la subordinación de Europa al eje estratégico entre Washington y Moscú. Este equilibrio, tenso pero relativamente estable, marcaría las relaciones internacionales durante las décadas siguientes.

GEOPOLÍTICA SOVIÉTICA EN LA INMEDIATA POSTGUERRA . Stalin y Jrushchov 


CONTEXTO HISTÓRICO: Tras la toma de Berlín, la mayoría de la población de la Alemania derrotada prefirió trasladarse a la zona occidental ocupada por los vencedores aliados occidentales. Pero muchos quedaron atrapados en lo que seria llamado la Europa Oriental, la mismo ocurrió en la capital Berlín. 

Stalin continuo desarrolando los planes quinquenales, el modelo interior económico soviético. La China Nacionalista sufrió la arremetida de Mao Ze Tung y Stalin apoyó ese revés norteamericano y se convirtió en aliado de la China socialista, pero eso cambiaría después.

La URSS de la inmediata posguerra se sentia acosada por Occidente, asi que luego de que se formará el Tratado del Atlántico Norte en 1949 (con la anexión de Alemanai Occidental), formaría en 1955 el Pacto de Varsovia de orientación socialista y anti nortemaericana.

Stalin y Jrushchov 

Bajo Stalin, la percepción del entorno internacional estuvo determinada por la convicción de que el conflicto entre el capitalismo y el socialismo era inevitable. La creación de la OTAN en 1949 confirmó para el liderazgo soviético la existencia de un cerco hostil que debía ser contrarrestado mediante la expansión de zonas de seguridad en Europa Oriental. En ausencia de una alianza militar formal comparable a la OTAN, Stalin aseguró la cohesión del bloque socialista a través de la presencia del Ejército Rojo, la imposición de regímenes comunistas leales y el uso sistemático de la coerción política. La ruptura con Yugoslavia en 1948 evidenció los límites de la autonomía tolerada dentro del campo socialista y anticipó la lógica de subordinación que caracterizaría las relaciones de Moscú con sus aliados.


La llegada de Jrushchov al poder introdujo una modificación sustancial en la forma, aunque no en los objetivos, de la política exterior soviética. La fundación del Pacto de Varsovia en 1955 respondió a la incorporación de la República Federal Alemana a la OTAN y supuso la institucionalización de una alianza militar socialista bajo liderazgo soviético. A diferencia del sistema estalinista, el nuevo marco buscó dotar de legitimidad jurídica y coordinación multilateral a lo que, en la práctica, seguía siendo una estructura jerárquica dominada por Moscú. Paralelamente, Jrushchov formuló la doctrina de la coexistencia pacífica, que no implicaba el abandono de la lucha ideológica, sino la convicción de que la competencia entre sistemas debía desarrollarse sin una guerra nuclear directa.


Las relaciones con Asia oriental reflejaron tanto las continuidades como las fracturas del período. Stalin apoyó la victoria comunista en China en 1949, pero mantuvo una relación prudente y desconfiada con Mao Zedong, tratando a la República Popular China como un socio subordinado dentro del bloque socialista. El Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia Mutua de 1950 formalizó la cooperación, aunque bajo términos claramente favorables a la Unión Soviética. Con Jrushchov, esta relación se deterioró de forma progresiva hasta desembocar en la ruptura sino-soviética. La crítica al culto a la personalidad, la aproximación relativa a Occidente y la negativa a transferir tecnología nuclear fueron interpretadas por el liderazgo chino como una desviación ideológica, lo que fragmentó el movimiento comunista internacional y debilitó la posición estratégica soviética.


En el caso japonés, la política soviética estuvo condicionada por el legado de la guerra y la presencia estadounidense en el Pacífico. Stalin mantuvo una postura rígida, marcada por la ocupación de las islas Kuriles y la negativa a firmar un tratado de paz definitivo. Jrushchov intentó una aproximación limitada con el objetivo de reducir la influencia de Washington en Asia oriental, pero la alianza estratégica entre Japón y Estados Unidos restringió seriamente el margen de maniobra soviético.


La planificación económica constituyó un pilar central del poder soviético en ambos períodos. Los planes quinquenales impulsados por Stalin lograron una industrialización acelerada y la construcción de un vasto complejo militar-industrial, factores decisivos para la victoria en la Segunda Guerra Mundial y para la posterior competencia estratégica con Occidente. Sin embargo, estos logros se alcanzaron a un coste humano extremadamente elevado, con colectivización forzosa, hambrunas recurrentes y un nivel de vida persistentemente bajo. Jrushchov intentó corregir algunos de estos desequilibrios mediante reformas parciales que priorizaban la agricultura y los bienes de consumo, así como una descentralización limitada de la planificación. No obstante, la falta de coherencia estructural y la tendencia a campañas improvisadas redujeron la eficacia de estas políticas y generaron nuevas tensiones internas.


La Guerra de Corea constituyó un ejemplo temprano de la proyección global del poder soviético. Stalin aprobó la ofensiva norcoreana de 1950 como una operación de riesgo calculado, convencido de que Estados Unidos no intervendría directamente. Aunque la URSS evitó una participación abierta, proporcionó armamento, asesoramiento y apoyo aéreo encubierto, mientras que China asumió el principal esfuerzo militar terrestre. Tras la muerte de Stalin, Jrushchov favoreció la negociación del armisticio, reflejando su interés en reducir el peligro de una escalada militar directa entre las superpotencias.


La influencia soviética en Cuba y la Crisis de los Misiles de 1962 representaron el punto culminante y más peligroso de la política exterior de Jrushchov. El apoyo a la Revolución cubana respondió tanto a consideraciones ideológicas como estratégicas, al ofrecer a la URSS una presencia directa en el hemisferio occidental. El despliegue de misiles nucleares en la isla buscaba compensar la superioridad estratégica estadounidense y reforzar la disuasión, pero condujo al mundo al borde de una guerra nuclear. Aunque la resolución pacífica de la crisis evitó el conflicto armado y garantizó la supervivencia del régimen cubano, el episodio debilitó la posición política de Jrushchov dentro de la dirigencia soviética.


La comparación entre Stalin y Jrushchov revela una tensión permanente entre rigidez y adaptación en la política geoestratégica soviética. Mientras Stalin consolidó un modelo basado en el control absoluto, la confrontación estructural y la movilización forzada de recursos, Jrushchov intentó introducir una estrategia más flexible, apoyada en la disuasión nuclear y la competencia sistémica. Ambos enfoques, con sus logros y limitaciones, contribuyeron decisivamente a configurar el orden internacional de la Guerra Fría y a definir el papel de la Unión Soviética como una superpotencia global.

MAYOR PERÍODO DE CRISIS PARA ESTADOS UNIDOS EN LA GUERRA FRIA: Gobiernos de Kenedy y Nixon.


CONTEXTO HISTÓRICO: La década de los 50 marca la decadencia del Neocolonialismo europeo. Los Imperios ingleses y franceses, en una época poderosos, van cediendo ante las nuevas super potencias mundiales Estados Unidos y la URSS. China sigue su desarrollo de capitalismo estatal (no liberal, en su llamada "democracia popular") de manera silenciosa pero constantes. La gran batalla perdida por Francia en Indochina en Dien Bien Phu (marzo-mayo de 1954), una decisiva victoria del Viet Minh, puso fin a la presencia colonial francesa, marcando el fin de la Primera Guerra de Indochina y abriendo paso a la partición de Vietnam y la posterior Guerra de Vietnam.

La Guerra de Vietnam demostraría años Estados Unidos que no estaban preparados para una guerra asimétrica de guerrillas, y que los conflictos por venir no necesariamente serían del tipo convencional ente superpotencias nucleares. La retirada desesperada y vergonzosa de 1972 hizo que Estados Unidos replanteara su filosofía táctica y estratégica bélica, y condujo a diseños militares innovadores, como el caza de combate ligero F-16 o el avión contraguerrilla OV-10 Bronco. El fusil AK-47 obligó a contrarrestarlo en el M-16.

La crisis de misiles en Turquía y Cuba fue lo mas cercano que se estuvo de que el mundo sufriera una Tercera Guerra Mundial termonuclear. Las habilidades de Jkuschov y Kenedy evitaron el posible fin de gran parte de la humanidad. 


LOS HECHOS, (desglosados.)


El fin del colonialismo francés en Indochina:

La retirada francesa de Indochina no fue solo el colapso de un imperio colonial agotado, sino el punto de entrada definitivo de la Guerra Fría en el sudeste asiático. Donde antes París intentó sostener su prestigio imperial, Washington vio un tablero estratégico dominado por la lógica de la contención. La derrota francesa abrió un vacío que transformó una guerra de liberación nacional en un conflicto ideológico global, donde Vietnam dejó de ser colonia para convertirse en símbolo.


La política antisocialista de Estados Unidos en Vietnam: Estados Unidos heredó de Francia no solo una guerra, sino una interpretación: Vietnam como dique frente al socialismo asiático. Bajo esa premisa, la política estadounidense se volvió progresivamente intervencionista, justificando el apoyo a regímenes frágiles y la escalada militar como un mal necesario. El conflicto se desdibujó entre defensa de la libertad y miedo al “efecto dominó”, mientras el terreno y la población resistían esa lectura simplificada.


John F. Kennedy y la escalada contenida:

Kennedy encarnó la ambigüedad de una generación atrapada entre la prudencia nuclear y la intervención convencional. En Vietnam impulsó asesores, fuerzas especiales y apoyo político, evitando aún la guerra total, pero sentando sus bases. Su presidencia reflejó la tensión entre el idealismo liberal y la lógica dura de la Guerra Fría, donde cada retirada parecía una concesión estratégica inadmisible.


Richard Nixon y la guerra prolongada

Nixon heredó una guerra impopular y profundamente arraigada. Su respuesta fue paradójica: intensificar los bombardeos mientras hablaba de retirada, expandir el conflicto mientras prometía paz. La “vietnamización” fue tanto una estrategia militar como un intento político de cerrar una herida abierta, aunque el costo humano y moral siguió creciendo dentro y fuera de Estados Unidos.


La crisis de los misiles SS-4 en Cuba

Cuba fue el momento más visible en que la Guerra Fría estuvo al borde del abismo. La instalación de misiles soviéticos transformó una isla caribeña en epicentro del conflicto global. Kennedy y Jruschov jugaron una partida donde la firmeza y la negociación coexistieron, demostrando que el equilibrio nuclear no se sostenía solo por armas, sino por la voluntad de evitar el desastre.


Los misiles Jupiter en Turquía

Menos visible, pero igual de decisiva, fue la otra cara de la crisis: los misiles estadounidenses en Turquía. Este equilibrio silencioso reveló que la confrontación no era unilateral ni moralmente simple. La retirada mutua, envuelta en diplomacia discreta, mostró que la Guerra Fría también se resolvía en concesiones ocultas y acuerdos que el público raramente conocía.


La visita de Nixon a Moscú

El viaje de Nixon a Moscú simbolizó el paso de la confrontación absoluta a la coexistencia estratégica. El líder que había construido su carrera sobre el anticomunismo dialogó con la Unión Soviética desde el realismo político. La distensión no eliminó el conflicto, pero introdujo límites, reconociendo que el mundo bipolar necesitaba reglas para sobrevivir.


EL CASO WATERGATE :El gran escándalo de la presidencia de Richard Nixon fue el caso Watergate, un episodio que reveló hasta qué punto el poder presidencial podía desviarse cuando se colocaba por encima de la ley. Todo comenzó la madrugada del 17 de junio de 1972, cuando cinco hombres fueron detenidos mientras irrumpían en la sede del Partido Demócrata en el complejo Watergate, en Washington. No se trataba de un robo común: llevaban equipos de escucha y estaban vinculados directamente al comité encargado de la reelección de Nixon, lo que transformó un hecho aparentemente menor en una amenaza política de grandes proporciones.


El verdadero escándalo no fue solo el allanamiento, sino la reacción de la Casa Blanca. Nixon y su círculo más cercano optaron por el encubrimiento. Se intentó frenar la investigación del FBI, se utilizaron fondos ilegales para comprar el silencio de los implicados y se presionó a distintas agencias del Estado para desviar la atención. Durante meses, el presidente negó públicamente cualquier responsabilidad, sosteniendo que no tenía conocimiento de lo ocurrido.


Esa versión comenzó a derrumbarse cuando se descubrió que Nixon había instalado un sistema de grabación automática en el Despacho Oval. Las cintas revelaron conversaciones que mostraban con claridad que el presidente conocía el allanamiento y que había participado activamente en los esfuerzos por obstruir la justicia. Cuando el Congreso exigió la entrega de esas grabaciones, Nixon se negó, apelando al privilegio ejecutivo, en un intento por proteger la autoridad de la presidencia.


La negativa no prosperó. La Corte Suprema ordenó la entrega de las cintas, y una de ellas, conocida como la “smoking gun”, confirmó de manera inequívoca la implicación directa del presidente en el encubrimiento. En ese momento, el proceso de juicio político se volvió inevitable. Sin apoyo político suficiente, incluso dentro de su propio partido, Nixon comprendió que su continuidad era insostenible.


El 8 de agosto de 1974 presentó su renuncia, convirtiéndose en el único presidente de Estados Unidos en hacerlo. Poco después, su sucesor, Gerald Ford, le concedió un indulto presidencial, evitando un juicio penal pero dejando una herida abierta en la confianza pública. El Watergate marcó un antes y un después en la historia estadounidense: debilitó la imagen de la presidencia, fortaleció el papel del Congreso y de la prensa, y dejó como legado una lección duradera sobre los peligros del abuso de poder y la fragilidad de la democracia cuando la legalidad es sacrificada en nombre de la conveniencia política.


La Guerra de los Seis Días

En Oriente Medio, la Guerra Fría se filtró a través de conflictos regionales. La Guerra de los Seis Días redefinió fronteras y equilibrios, mostrando cómo las superpotencias influían indirectamente en guerras locales. Israel emergió fortalecido, mientras el mundo árabe quedó marcado por una derrota que reconfiguró su política y su relación con las potencias globales.


La guerra de Yom Kippur

Yom Kippur confirmó que el conflicto árabe-israelí no estaba cerrado, sino congelado bajo tensión permanente. La guerra evidenció la fragilidad del equilibrio regional y el peligro de una escalada entre Estados Unidos y la Unión Soviética a través de sus aliados. Al mismo tiempo, abrió el camino a nuevas negociaciones, recordando que incluso en la Guerra Fría, la guerra podía ser preludio de diplomacia.


BALANCE DEJADO ENTRE AMBOS PRESIDENTES

 John F. Kennedy

Kennedy dejó al mundo en un delicado punto de equilibrio entre idealismo y riesgo existencial. Supo manejar la crisis más peligrosa de la Guerra Fría evitando una guerra nuclear, estableciendo un precedente fundamental: las superpotencias podían retroceder sin perder legitimidad. Al mismo tiempo, su política exterior sembró conflictos no resueltos, especialmente en Vietnam, donde la intervención limitada creó una inercia difícil de frenar. A su sucesor le dejó un escenario ambiguo: un liderazgo moral fortalecido tras Cuba, pero una guerra en gestación que exigiría decisiones más crudas. Para el mundo, Kennedy legó la conciencia de que la Guerra Fría no era un juego retórico, sino una amenaza real que obligaba a combinar firmeza, comunicación y autocontrol.

Richard Nixon

Nixon entregó a su sucesor un mundo más estable en apariencia, pero profundamente marcado por el desgaste político y moral de la guerra. Logró reducir la presión global mediante la distensión con la Unión Soviética y la apertura diplomática que redefinió el equilibrio internacional, demostrando que el pragmatismo podía reemplazar al enfrentamiento ideológico directo. Sin embargo, cerró Vietnam sin victoria clara, dejando una sensación de derrota estratégica y una sociedad estadounidense fracturada. A nivel global, Nixon dejó un sistema internacional más multipolar y negociado, pero también la evidencia de que el poder militar tenía límites y que la Guerra Fría ya no podía sostenerse solo sobre la amenaza y la fuerza.

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