Cazas de la SGM en festivales
LOS APARATOS HEROES DE LA BATALLA DE INGLATERRA
Festival aéreo de Duxford (2020)
Vuelo conjunto a dos cazas emblemáticos de la Royal Air Force (el Hawker Hurricane y el Supermarine Spitfire Mk.I) cuya asociación histórica resulta inseparable de la Batalla de Inglaterra de 1940. Su exhibición en este emplazamiento posee un profundo valor historiográfico, pues RAF Duxford fue una base operativa clave durante el conflicto y albergó escuadrones activos en la defensa aérea del sudeste británico. No se trata de una mera conmemoración visual, sino de una recreación fiel del sistema defensivo que permitió al Reino Unido resistir el intento alemán de alcanzar la supremacía aérea previa a la invasión.
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| Supermarine Spitfire Mk.I y Hawker Hurricane Mk.II |
En el verano de 1940, la Luftwaffe alemana inició una campaña sistemática destinada a destruir la capacidad operativa de la RAF. Frente a una fuerza numéricamente superior, Gran Bretaña articuló una respuesta basada en la integración del radar, la observación terrestre y el control centralizado de interceptores. En ese sistema, el Hurricane y el Spitfire desempeñaron funciones diferenciadas pero complementarias. El primero constituyó el núcleo cuantitativo de los escuadrones de caza, mientras que el segundo actuó como interceptor de altas prestaciones destinado a enfrentarse a los cazas de escolta enemigos, en particular el Messerschmitt Bf 109E.
El Hawker Hurricane, diseñado por Sydney Camm, era un caza de concepción relativamente conservadora, con estructura mixta de tubos de acero y recubrimiento textil en amplias zonas del fuselaje. Propulsado por el motor Rolls-Royce Merlin en sus primeras variantes, alcanzaba una velocidad inferior a la de su homólogo de Supermarine, pero ofrecía una plataforma de tiro notablemente estable y una robustez excepcional. Estas características lo convirtieron en el principal destructor de bombarderos enemigos durante la batalla. Escuadrones como el No. 56 Squadron RAF o el célebre No. 303 (Polish) Squadron, identificables por siglas pintadas en el fuselaje —combinaciones de dos letras para el escuadrón y una para el aparato individual—, obtuvieron una proporción decisiva de las victorias aéreas británicas. Desde bases como Northolt, Tangmere o Duxford, los Hurricanes demostraron una capacidad de resistencia al daño que permitió a muchos pilotos regresar con aparatos gravemente averiados, algo menos frecuente en diseños más ligeros.
El Supermarine Spitfire, concebido por R. J. Mitchell, representaba una ruptura tecnológica. Su estructura monocasco metálica y su ala elíptica le otorgaban una maniobrabilidad y una velocidad superiores, así como una mayor capacidad de ascenso. Armado en sus primeras versiones también con ocho ametralladoras Browning de 7,7 mm, el Spitfire no era sustancialmente más potente en términos de armamento, pero sí mucho más eficaz en el combate aire-aire. Escuadrones como el No. 19 Squadron RAF, basado en Duxford, o el No. 610 Squadron, utilizaron el Spitfire para contener a los cazas alemanes, impidiendo que estos dominaran el cielo y protegiesen eficazmente a los bombarderos. Pilotos como Sailor Malan o Douglas Bader contribuyeron a consolidar su reputación, aunque esta fama simbólica ha tendido a eclipsar el papel más cuantitativo del Hurricane.
Desde el punto de vista doctrinal, ambos aparatos presentaban ventajas y limitaciones claras. El Hurricane era más fácil de producir, reparar y mantener en condiciones de guerra, y su estabilidad lo hacía letal contra formaciones de bombarderos. El Spitfire, por el contrario, exigía mayor precisión industrial y un mantenimiento más cuidadoso, pero ofrecía un rendimiento superior frente a los cazas enemigos. Esta dualidad permitió a la RAF compensar sus carencias numéricas mediante una asignación racional de recursos: los Hurricanes atacaban a los bombarderos, mientras los Spitfires contenían a la escolta, reproduciendo en el aire una división funcional que resultó decisiva.
El vuelo conjunto de ambos modelos en Duxford en 2020 sintetiza esta realidad histórica. Más allá de su valor simbólico, recuerda que la victoria británica en la Batalla de Inglaterra no fue fruto de un único avión ni de una superioridad técnica aislada, sino de la combinación equilibrada entre diseño, doctrina, pilotos y organización. En términos estrictamente operativos, el Hurricane soportó el peso principal de la batalla; en términos cualitativos y de legado cultural, el Spitfire se convirtió en su icono. Juntos, encarnan la resistencia aérea que frustró el primer gran intento del Tercer Reich por imponer su voluntad estratégica en Europa occidental.
LOS MOTORES MERLIN
El elemento técnico que unificó y, al mismo tiempo, permitió diferenciar el rendimiento del Hawker Hurricane y del Supermarine Spitfire durante la Batalla de Inglaterra fue el motor Rolls-Royce Merlin, una de las realizaciones más decisivas de la ingeniería aeronáutica británica del siglo XX. Ambos cazas emplearon variantes tempranas de este motor, pero su integración en células de concepción distinta produjo resultados operativos claramente diferenciados.
Durante el verano de 1940, tanto el Hurricane Mk I como el Spitfire Mk I estaban propulsados principalmente por el Rolls-Royce Merlin II y, en menor medida, por el Merlin III. Se trataba de motores V-12 invertidos, refrigerados por líquido, con una cilindrada aproximada de 27 litros. Estas versiones iniciales desarrollaban una potencia del orden de 1.030 caballos de fuerza a altitudes medias, optimizadas para el régimen de combate típico de la batalla, que se desarrolló mayoritariamente por debajo de los 6.000 metros. El Merlin III introdujo la posibilidad de emplear combustible de mayor octanaje y un sistema de arranque mejorado, lo que incrementó la fiabilidad operativa sin alterar sustancialmente la potencia nominal.
Las principales ventajas del Merlin residían en su excelente relación potencia-peso, su funcionamiento relativamente suave para un motor de alta compresión y una notable capacidad de evolución técnica. Frente a motores alemanes contemporáneos, como el Daimler-Benz DB 601, el Merlin presentaba una arquitectura más convencional, con carburador en lugar de inyección directa. Esto suponía una desventaja táctica: en maniobras negativas (picados bruscos), el carburador podía provocar interrupciones momentáneas de alimentación, un problema bien conocido por los pilotos británicos en 1940. Sin embargo, el Merlin compensaba esta limitación con una gran robustez mecánica, facilidad de mantenimiento en condiciones de guerra y una producción industrial que pudo escalarse con rapidez, algo crucial para sostener el esfuerzo defensivo.
En el Hurricane, el Merlin encontraba una célula más voluminosa y aerodinámicamente menos refinada. Esto se traducía en una velocidad máxima inferior, pero también en una entrega de potencia muy predecible y estable, ideal para ataques sostenidos contra bombarderos. En el Spitfire, la misma planta motriz se beneficiaba de una célula más ligera y eficiente, permitiendo mayor velocidad, mejor trepada y una respuesta más ágil en combate cerrado. De este modo, el motor no definía por sí solo el carácter del avión, sino que actuaba como un multiplicador de las virtudes —y limitaciones— del diseño estructural.
En cuanto a los aparatos que vuelan hoy en festivales como el de Duxford 2020, es importante subrayar que no emplean motores originales intactos de 1940, en el sentido estricto. Los Merlin actuales son, en su mayoría, motores reconstruidos a partir de componentes de época, ensamblados y revisados conforme a estándares de seguridad modernos. Muchas piezas críticas han sido refabricadas siguiendo planos originales, utilizando materiales contemporáneos cuando los históricos resultan inviables o inseguros. No obstante, desde el punto de vista técnico y funcional, estos motores son fieles a las especificaciones originales, y su sonido, comportamiento y prestaciones reproducen con notable exactitud la experiencia de los cazas de la Batalla de Inglaterra.
El Rolls-Royce Merlin no fue únicamente un motor común a dos aviones emblemáticos, sino el corazón mecánico de la resistencia aérea británica. Su combinación de potencia suficiente, fiabilidad industrial y capacidad de adaptación permitió que Hurricane y Spitfire, pese a sus diferencias conceptuales, formaran una pareja operativa coherente, cuyo legado sigue siendo audible y visible en cada exhibición aérea contemporánea.
El Focke-Wulf Fw 190 A-8/N (F-AZZJ):
CONTEXTO Y CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS: El Focke-Wulf Fw 190 A-8 fue una de las variantes más importantes del caza alemán Fw 190, introducida en 1944 durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial. Diseñado por el equipo de Kurt Tank, el Fw 190 destacó por su robustez estructural, potente armamento y excelentes prestaciones a baja y media altitud, convirtiéndose en uno de los principales cazas de la Luftwaffe frente a los aviones aliados.
La variante A-8 representó la culminación del desarrollo de los Fw 190 con motor radial BMW 801. Incorporaba un mayor blindaje, depósitos de combustible adicionales y un armamento estandarizado compuesto por dos ametralladoras MG 131 de 13 mm y cuatro cañones MG 151/20 de 20 mm. Estas mejoras incrementaron su peso, pero mantuvieron su eficacia como interceptor y caza polivalente.
La cabeza de águila negra pintada en el morro, aunque documentada en perfiles especializados, no puede atribuirse con certeza a un Jagdgeschwader concreto. De forma verosímil, se asocia a unidades del Frente Occidental, especialmente al JG 26, donde se documentan decoraciones de morro no estandarizadas en Fw 190 A-8 durante 1944. No obstante, se trata de una reconstrucción interpretativa basada en iconografía fotográfica parcial.
LA RÉPLICA MODERNA: La designación A-8/N, asociada al aparato con matrícula civil F-AZZJ, no corresponde a una subvariante oficial de la Luftwaffe durante el conflicto. En este contexto, la letra “N” debe interpretarse como una referencia moderna a una reconstrucción o nueva fabricación realizada en la posguerra, destinada a la aviación civil histórica. Por tanto, el F-AZZJ no es un avión que combatiera durante la Segunda Guerra Mundial, sino una reproducción volable que representa fielmente un Fw 190 A-8 de época.
El Fw 190 F-AZZJ fue construido a finales del siglo XX por la empresa alemana Flug Werk GmbH, especializada en la recreación de aeronaves históricas utilizando planos originales, materiales equivalentes y técnicas de fabricación contemporáneas. Dado que la mayoría de los Fw 190 originales fueron destruidos tras la guerra, estas reconstrucciones constituyen hoy la única forma de observar el modelo en condiciones de vuelo.
Uno de los aspectos más relevantes del F-AZZJ es su motorización. Ante la escasez de motores originales BMW 801, el avión emplea un motor radial Shvetsov ASh-82, de origen soviético, cuyas prestaciones son comparables a las del propulsor alemán. Esta sustitución responde a criterios de fiabilidad, mantenimiento y seguridad, sin alterar de forma significativa el comportamiento aerodinámico del aparato.
Registrado en Francia con matrícula F-AZZJ, el avión ha participado en exhibiciones aéreas y eventos de aviación histórica en Europa. En estos contextos, suele portar esquemas de pintura y marcas tácticas de la Luftwaffe, aplicadas con fines representativos y educativos, sin correspondencia con una unidad histórica concreta.
Desde el punto de vista histórico, el Fw 190 A-8/N F-AZZJ carece de valor como artefacto bélico original, pero posee un elevado interés didáctico y técnico. Su existencia permite analizar en vuelo real las características de uno de los cazas más influyentes de la Segunda Guerra Mundial y contribuye a la conservación del patrimonio aeronáutico europeo.



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