Pericles en Samos.

 EL PERICLES GUERRERO: EL SOMETIMIENTO A LA ISLA DE SAMOS.

INICIOS DEL IMPERIALISMO ATENIENSE 


CONTEXTO HISTÓRICO: La creación  de la Liga de Delos comenzó como una alianza entre poleis o ciudades estados "iguales", pero siendo una iniciativa de Atenas, se le llama históricamente  Liga Delio Atica: Atenas pedía como colaboración naves de guerra (trirremes) o en su defecto un impuesto llamado "phoros", que se volvería cada vez mas pesado y exigente para los por ahora aliados.

Pericles comando la expedición y asedio en la isla de Samos.

En la Liga Delio Atica no todas las poleis compartían al mismo sistema político, algunas eran democráticas y otras eran oligárquicas. Esto al inicio fue respetado por Atenas, pero al final la ciudad líder trató de imponer en lo posible la democracia en las demas poleis. 

Solo existían tres "poleis" centinelas, exentas del pago del phoros, con grandes flotas y no democráticas, eran Samos Naxos y Tasos...asi comenzarían los conflictos dentro de la inicial alianza.


LOS HECHOS: 

La isla de Samos, rica y orgullosa, se alzaba en el Egeo como una aliada incómoda para Atenas. No era una polis menor: su flota, su prosperidad comercial y su tradición oligárquica la hacían sentirse casi igual entre iguales dentro de la Liga de Delos. Precisamente por eso, cuando estalló el conflicto con Mileto hacia el 440 a. C., la cuestión dejó de ser un simple litigio regional y se convirtió en una prueba decisiva para el liderazgo ateniense y para la política de Pericles.


Atenas, bajo la guía de Pericles, había transformado la Liga de Delos en un auténtico imperio marítimo. Lo que en su origen fue una alianza defensiva contra Persia se había convertido, con el traslado del tesoro a la Acrópolis, en un sistema de hegemonía donde Atenas decidía, arbitraba y castigaba. Samos era una excepción peligrosa: no pagaba tributo, conservaba su flota y mantenía un régimen oligárquico. Mientras otras poleis aceptaban la tutela ateniense a cambio de protección, Samos reclamaba autonomía real.

El conflicto con Mileto —ciudad aliada y más dócil— ofreció a Pericles una ocasión clara. Atenas intervino como árbitro, pero su fallo favoreció a Mileto y fue acompañado por una exigencia política: Samos debía aceptar un régimen democrático y someterse más estrechamente a la autoridad ateniense. Para los samios, aquello fue una humillación; para Pericles, una necesidad estratégica. Permitir que una ciudad poderosa desafiara abiertamente el orden imperial habría alentado rebeliones en cadena.


La respuesta de Samos fue la revuelta abierta. Depuso el gobierno impuesto por Atenas, tomó rehenes y desafió la autoridad de la Liga. Pericles reaccionó con rapidez. Con una flota considerable llegó a la isla, derrotó inicialmente a los samios y estableció un bloqueo. Pero la guerra no fue breve ni fácil. Samos resistió con determinación, obtuvo apoyos discretos del entorno persa y puso a prueba la capacidad ateniense para sostener una guerra prolongada contra un aliado rebelde.

Durante meses, el asedio fue una lucha de desgaste. Atenas desplegó recursos enormes: dinero, hombres y prestigio. Pericles, más político que general temerario, comprendía que no bastaba con vencer militarmente; había que dar un escarmiento ejemplar. Finalmente, Samos cayó. Sus murallas fueron derribadas, su flota confiscada y se le impuso una indemnización pesada, pagadera durante años. El mensaje era inequívoco: la desobediencia no sería tolerada.


La victoria fue completa desde el punto de vista estratégico. Atenas reafirmó su dominio en el Egeo oriental y sofocó uno de los desafíos más serios a su autoridad. Ninguna otra polis importante se atrevió a imitar a Samos en el corto plazo. La Liga quedó, de hecho, más cohesionada por el miedo que por la lealtad.

Sin embargo, el precio fue alto. El esfuerzo económico fue enorme y la guerra dejó al descubierto la naturaleza real del poder ateniense: ya no era una hegemonía consensuada, sino un imperio que imponía su voluntad por la fuerza.

Consecuencias políticas y morales

Para Pericles, la campaña de Samos fue una victoria ambigua. En Atenas, muchos lo celebraron como el garante del orden y de la seguridad imperial. Había demostrado que la democracia ateniense era fuerte, capaz de dirigir un imperio y de castigar a quienes lo desafiaban. Su prestigio personal salió reforzado: el estratego había vencido sin recurrir a aventuras temerarias y había preservado la estabilidad general.

Pero también surgieron críticas profundas. ¿Cómo podía Atenas proclamarse defensora de la libertad y la democracia mientras aplastaba por la fuerza la autonomía de sus aliados? La imposición de un régimen democrático en Samos, respaldada por las armas, mostraba una paradoja inquietante: la democracia ateniense se exportaba como una forma de control, no como una elección libre.

Pericles y la democracia ateniense al final

Al término de la campaña, Pericles emerge como una figura compleja y poderosa. Su política democrática en Atenas sigue intacta: participación ciudadana, pago por cargos públicos, protagonismo de la Asamblea. Pero esa democracia, hacia el exterior, se sostiene sobre la coerción imperial. Atenas es libre para sus ciudadanos, pero implacable con quienes dependen de ella.

Samos se convierte así en un símbolo del siglo de Pericles: esplendor cultural y político en el centro, dureza y dominación en la periferia. Pericles queda como el arquitecto de ese equilibrio tenso, admirado por su visión y criticado por la contradicción que encierra. La isla sometida, las murallas caídas y el tributo impuesto anuncian una verdad que el tiempo confirmará: el imperio ateniense, sostenido por la democracia interna y la fuerza externa, ha alcanzado su apogeo, pero también ha sembrado las semillas de futuras resistencias y conflictos.

LA INFLUENCIA DE LAS MUJERES EN LA GRECIA CLÁSICA: ASPASIA DE MILETO (Siglo V a.e.c)

Fue la segunda mujer de Pericles desde el año 440, la cortesana profesional (hetaira), nació en la Jonia, zona costera con el Mar Egeo de Anatolia.


 Sabemos que las mujeres en aquella antigua Grecia no ejercían un papel protagónico en la política, salvo en casos legendarios como el de la bella Elena, quien según Homero, causó la Guerra de Troya, asunto que Heródoto de Halicarnaso aclara era una simple excusa bonita que ocultaba motivos mucho mas transcendes.


Pero la influencia que ejercía una mujer de carácter se notaba tambien en hombres importantes como Pericles. Ya teníamos casos en Atenas de mujeres influyentes, como la hermana de Cimón, Elpinice, quien tuvo un papel activo e importante en la política de Atenas, usando su posición y sus conexiones personales, como su matrimonio con el rico Calias, para negociar el regreso de Cimón de su exilio, tratando de seducir al mismo Pericles, el cual la rechazó.


Pericles tuvo dos hijos de su primera esposa,los cuales murieron por la peste en Atenas, al igual que él mismo un año después. Con Alpasia tuvo un hijo, el llamado Pericles el Joven. Antes de su relación con Alpasia, Pericles impuso una ley que daba la ciudadanía ateniense sólo a los hijos de padre y madre ateninese también de nacimiento. Al tener un hijo con Alpasia, Pericles fue el primer interesado para hechas para atrás la ley que el mismo impuso. Pericles el Joven fue condenado tiempo despues, en el juicio por los naufragado en la Batalla de las Isla Arginusas, siendo condenado a muerte por la misma democracia que su padre ayudó a formar. 

Luego vemos el posible papel que jugo Alpasia en la decisión de Pericles de interve ir militarmente en la isla de Samos: Dicha isla tenía un conflicto de límites con Mileto, y además tuvo una reacción oligarca contra la democracia en esa ciudad. Alpasia pudo convencer a Pericles para que él mismo interviniese como estratego, asediando y sometiendo a Samos, que se rindió en ocho meses. A partir de ese momento, Samos se convirtió en baluarte ateniense, segunda base de la flota ateniense y vigilante de la democracia, incluso en los eventos del golpe oligárquico del 411 en Atenas.

Después de la muerte de Pericles, Aspasia siguió siendo figura importante en la alta esfera social de Atenas, manteniendo estrecho contacto con personajes como Sócrates y Alcibiades, maestro y alumno.

ORDENES DORICO Y JÓNICO 

Los órdenes dórico y jónico son los dos estilos principales de la arquitectura griega. Funcionan como dos "idiomas" diferentes para construir templos. El dórico es el más antiguo y rústico; representa la fuerza masculina, la solidez y la sobriedad. Sus columnas son pesadas, no tienen base y su parte superior (capitel) es muy sencilla. En cambio, el jónico nació en las costas de Asia Menor y simboliza la elegancia femenina, la ligereza y el refinamiento. Sus columnas son más delgadas, tienen una base decorada y su capitel termina en dos elegantes espirales llamadas volutas. [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9]
En la filosofía constructiva de la época, lo dórico busca el orden estricto, la proporción matemática y el equilibrio a través de la sencillez. Su friso (la parte superior del muro) está formado por bloques divididos en tres líneas (triglifos) y espacios cuadrados (metopas) que solían tener esculturas de batallas. Por su parte, el jónico prioriza el arte continuo y la fluidez. En lugar de bloques separados, su friso es una banda larga y continua (corrida) tallada con historias. [1, 2, 3, 4]
En el siglo V a.C., el líder político Pericles reconstruyó el Partenón para mostrar el poder y la inteligencia de Atenas. En lugar de elegir un solo estilo, armoniza ambos órdenes para crear una obra maestra de unidad. El edificio es estructuralmente dórico en su exterior, lo que le da al templo un aspecto de fuerza, solidez y dominio. Sin embargo, Pericles suaviza esta rudeza integrando detalles del estilo jónico. Esto se nota en las decoraciones: el templo tiene un friso jónico continuo en su interior, donde se representa la gran procesión de los atenienses. Además, en la sala interior (el tesoro) se usaron columnas jónicas para sostener el techo sin romper la armonía. Al unir la fortaleza dórica con la elegancia jónica, logró un equilibrio perfecto entre la razón constructiva y la belleza artística.
EFECTO ÓPTICO  DEL PARTENÓN 
Para lograr que el Partenón se viera perfecto, los arquitectos griegos tuvieron que "engañar" al ojo humano utilizando trucos matemáticos y correcciones ópticas. Si el templo se hubiera construido con líneas completamente rectas y paralelas, nuestro cerebro nos haría ver el edificio deformado, como si se hundiera por el centro o si las columnas se cayeran hacia afuera.
El primer truco consiste en curvar las líneas del suelo y del techo. La base de piedra sobre la que se apoya el templo no es plana, sino que se eleva ligeramente en el centro, creando una curva hacia arriba. De esta manera, cuando una persona mira el edificio desde lejos, la línea del suelo parece perfectamente recta en lugar de parecer hundida.
El segundo truco está en la inclinación y el diseño de las columnas. Ninguna columna del Partenón es totalmente vertical. Todas están inclinadas un poco hacia adentro. De hecho, si prolongáramos las columnas miles de metros hacia el cielo, se terminarían cruzando en un punto formando una gran pirámide. Además, las columnas de las esquinas son un poco más gruesas que las demás. Esto se hizo porque, al estar rodeadas de luz solar directa, el ojo las percibe más delgadas de lo que realmente son. Al hacerlas más anchas, se compensa ese efecto óptico y todas parecen iguales.
El tercer truco es el grosor de las columnas, un efecto conocido como éntesis. Las columnas no son tubos rectos, sino que tienen una pequeña curva o "barriga" en el medio. Esto imita la tensión de un músculo humano que está soportando un gran peso, dando una sensación de vida y elasticidad a la piedra, evitando que parezcan rígidas o frágiles.
Por último, todo el edificio se diseñó usando matemáticas y proporciones especiales, muy cercanas a la Proporción Áurea. Esta regla matemática busca que la relación entre el ancho, el alto y los espacios del templo sea siempre la misma. Por ejemplo, la altura del frente del Partenón guarda una relación exacta con su anchura. Gracias a esta matemática de la naturaleza, el templo transmite una sensación inmediata de paz, belleza y armonía universal al mirarlo.
El gran artista que imaginó y supervisó todas las esculturas del Partenón fue Fidias, el escultor más famoso de la Antigua Grecia y un gran amigo de Pericles. Él mismo diseñó la gigantesca estatua de la diosa Atenea hecha de oro y marfil que se guardaba en el interior. Además de esa impresionante obra, Fidias dirigió a un enorme grupo de artistas para tallar las 92 metopas exteriores del templo, las cuales contaban historias llenas de acción y significado político. [1, 2, 3, 4, 5, 6]
Cada uno de los cuatro lados del edificio mostraba una gran batalla mítica. El objetivo de estas historias no era solo adornar, sino enviar un mensaje claro al mundo: los griegos representaban la civilización, la razón y el orden, mientras que sus enemigos vencidos representaban el caos y la salvajismo. [1, 2]
  • En el lado sur se talló la Centauromaquia, la feroz pelea entre unos humanos llamados lapitas y los centauros, unos seres mitad hombre y mitad caballo que se emborracharon en una boda e intentaron raptar a las mujeres. [1, 2]
  • En el lado oeste se esculpió la Amazonomaquia, que mostraba a los héroes de Atenas defendiendo su ciudad contra las amazonas, un ejército de mujeres guerreras muy salvajes. [1, 2]
  • En el lado este se representó la Gigantomaquia, la guerra definitiva donde los dioses del Olimpo, usando su inteligencia y poderes, derrotaron a los monstruosos y gigantescos hijos de la Tierra. [1, 2]
  • En el lado norte se plasmó la Guerra de Troya, recordando la famosa caída y destrucción de la ciudad de Troya a manos de los soldados griegos. [1, 2]
Con estas cuatro grandes leyendas, Pericles y Fidias querían que cualquiera que mirara el Partenón recordara una victoria mucho más reciente: el triunfo real de los atenienses sobre los invasores persas. Para ellos, derrotar a los persas había sido igual de heroico que vencer a los monstruos y gigantes de los mitos. [1, 2, 3, 4]

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